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Únete a la Revolución
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Foto: Andres Rodriguez
Siempre he pensado que sería entretenido comenzar mi propia revolución.

He tenido este anhelo desde la graduación de mi último año en la escuela secundaria, cuando en las clases nocturnas hice el papel de Patrick Henry. Después de ponerme una peluca blanca y unas ridículas medias de lana, entré al escenario y dije las inmortales palabras: “Señor, ellos nos dicen que somos débiles; incapaces de enfrentarnos a tan formidables adversarios. Pero, ¿cuándo seremos más fuertes?...¿Es la vida tan estimada o la paz tan dulce como para ser compradas por el precio de cadenas y esclavitud? ¡Prohíbelo, Dios Todopoderoso! Yo no sé qué camino tomarán los demás; pero en cuanto a mí, ¡dame la libertad o dame la muerte!”

¡Ay! No hay nada mejor que abrazar una causa de muerte tan valerosa.
Así que ahora estoy en pie de guerra nuevamente. Sólo que esta vez estoy haciendo un llamado a la revolución de la bondad. Jesús plantó las semillas de esta rebelión durante una conversación que tuvo con un joven gobernante rico. Marcos 10:17-18 nos recuerda: “Cuando Jesús estaba ya para irse, un hombre llegó corriendo y se postró delante de él. –Maestro bueno –le preguntó–, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?

–¿Por qué me llamas bueno? –respondió Jesús–. Nadie es bueno sino sólo Dios.”

Lo que impacta de esta conversación es que Jesús detuvo al hombre y destacó el ser llamado “Maestro bueno.” ¿Por qué tanta preocupación? Después de todo, en conversaciones previas Jesús nunca renegó de títulos tales como “Hijo de Dios” o “Mesías”. Pero en este caso Jesús le entrega al hombre la tarea de explicar lo del título aparentemente benigno en cuanto a ser “bueno”.

A continuación, Jesús define la bondad como el obedecer las leyes. El joven, orgullosamente, informa: “…las he guardado todas desde que era un niño”.

La Biblia registra lo siguiente: “Jesús lo miró con amor y añadió: –Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme. Al oír esto, el hombre se desanimó y se fue triste porque tenía muchas riquezas” (Marcos 10:21-22). El hombre quería ser bueno, pero no tanto…

La revolución de la bondad de Jesús es radical. Es espantoso pensar en venderse por su reino.

Escapatoria


Mientras el hombre se aleja, Jesús les comenta a sus discípulos que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que una persona rica entre en el reino de los cielos. Los eruditos han tratado de explicar lo que Jesús quiso decir realmente con esta declaración revolucionaria. Algunos han explicado que en las afueras de Jerusalén había una puerta muy estrecha llamada “La Puerta del Camello”. Para empujar a los camellos había que ponerse de rodillas. En otras palabras, está bien ser rico mientras usted adquiera sus recursos con un espíritu de humildad y oración –estando de rodillas. Es una buena explicación, pero no existe tal puerta. La teoría probablemente la inventó un rico que buscaba alguna escapatoria.

A menudo me pregunto si Jesús realmente quiso decir: “Anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres”. Tal vez la misión cristiana es realmente extrema. Tal vez Jesús no está interesado en reclutar a perezosos ensimismados cuya única meta en la vida es la comodidad.

Elena G. de White nos ofrece esta idea: “Debe haber un examen de conciencia profundo entre nuestros hombres y mujeres, para ver si tienen una obra que realizar para el Maestro. Hay una labor que realizar que el dinero no puede llevar a cabo. Se necesita un corazón devoto. El trabajo debe ser sumistrado a trabajadores serios. Se necesitan corazones tiernos y amorosos. Debemos tener una fe grande y una misión a la altura de ella”1

Es tiempo de trabajar. Sea un misionero. Comparta a Jesús con su vecino. Alimente a los necesitados. Vacíe su cuenta de ahorros para el reino. Sea voluntario en una escuela.

Por el bien de la bondad, ¡es tiempo de una revolución! “Yo no sé qué camino tomarán los demás; pero en cuanto a mí, ¡dame la libertad o dame la muerte!”

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Por Karl Haffner. Reimpreso con el permiso de North Pacific Union Gleaner, agosto 2007.
Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.

1 Ellen G. White, Review and Herald, 12 de octubre, 1886.


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