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¡Bien Hecho!
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Fotografía: Steve Woods
Los niños necesitan que se los anime y la mayoría de los padres lo entienden. Tal vez sea por eso que escuchamos decir a menudo: “¡Bien hecho!”  Mientras intentamos elevar la confianza en sí mismos de nuestros hijos, ¿ha pensado, usted, que quizás en lugar de alentar la parte externa del autocontrol estamos retrocediendo su desarrollo para llevar a cabo sus tareas?

Sí, las palabras “¡bien hecho!” son hermosas. Son convenientes y tienen buenas intenciones. Por otro lado, expresan que aprobamos lo que hicieron, en vez de decirles qué fue lo que hicieron bien. Hacemos un juicio, pero ellos no reciben una información fidedigna que puedan utilizar en sus elecciones futuras.

Para los más pequeños significa que estamos privándolos del “buen uso” del lenguaje del cual aprenderán el vocabulario y cómo utilizar correctamente las palabras. Decir “¡bien hecho!” es la parte ínfima del desarrollo del idioma. Lo que podríamos decir, es: “¡Qué bien te quedaron los círculos que hiciste con la crayola verde!”

Lo invito a dejar a un lado sus buenas intenciones y a considerar las siguientes respuestas. Dígase a usted mismo cada frase en voz alta, con orgullo y con placer, y piense cómo la recibiría su hijo:

Recién Nacido

“¡Bien hecho! ¡Gracias por llamarme!”

Bebito de 1 Año de Edad

“¡Bien hecho! ¡Saliste solito de debajo de la mesa!”

Dos Años de Edad

“¡Bien hecho! Me trajiste tres libros… ¿Cuál de ellos leeremos primero?”

Cuatro Años de Edad

“¡Bien hecho! Me gusta la forma en que coloreaste el árbol de tu dibujo. ¿Qué te gusta más a ti?”

Edad Escolar

“¡Bien hecho! Te sacaste una “A” en ese examen. ¿Cómo lo hiciste?”

Adolescente

“¡Bien hecho!  Debes estar aprendiendo a establecer tus prioridades para hacer tan bien ese trabajo escolar”.

“¡Bien hecho!” son palabras apropiadas si estamos enseñando estándares específicos para destrezas específicas. Incluso, entonces, necesitaríamos indicar cuál parte estuvo bien hecha. Los niños a los cuales constantemente se les está enviando mensajes de trabajos “¡bien hechos!”, concluyen que también habrá un contador de mensajes de trabajos “mal hechos”. Tal vez escojan seguir permaneciendo seguros y lograr sus recompensas por los trabajos “bien hechos” antes que explorar y utilizar la creatividad que Dios les ha dado.

¿Qué pasa, entonces, si en la mente del niño él hizo un trabajo descuidado, nada interesante y se siente desilusionado con el resultado? Cuando escucha que el adulto le dice: “¡Bien hecho!” ¿qué se supone que haga el niño? Desafortunadamente, llega a ser un mensaje que le dice que no sabe lo que sabe. Esto puede ser un paso más para desarrollar un sistema que descuenta su propio conocimiento, su trabajo y su potencial.

Dios nos dice que fuimos hechos maravillosamente y creados para cumplir Su propósito. La única vez que la Escritura declara que Él dijo algo equivalente a “¡bien hecho!”, fue durante el proceso de la creación (Génesis 1:31). Eso no tiene que ver con lo que nosotros hayamos hecho, sino con lo que Él hizo por nosotros.

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Por Susan Murray. Reimpreso con el permiso de Lake Union Herald, junio 2007. Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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