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Lana Empapada
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Foto: Vallentin Vassileff
“Y Gedeón le dijo a Dios: ‘Quiero saber si de veras me vas a usar para liberar a los israelitas, tal y como me dijiste. Voy a poner esta lana de oveja en el lugar donde se limpia el trigo. Si por la mañana la lana está mojada de rocío, pero el suelo alrededor está seco, sabré que de veras me vas a usar para salvar a los israelitas’. Y eso fue lo que ocurrió. Al día siguiente muy temprano, cuando Gedeón se levantó, exprimió la lana y sacó tanta agua que llenó un tazón” Jueces 6:36-38).

Gedeón era un hombre de dudas. A veces yo también tengo el corazón como el de Gedeón. Él tuvo la audacia de probar a Dios. Tuvo la fanfarronería de decirle a un mensajero de Dios que sus intenciones debían ser demostradas antes de que él hiciera la voluntad del Señor. No sólo una vez, sino dos veces demandó una prueba por el milagro. ¡Gedeón era un hombre que no temía cuestionar la autoridad!

Un tiempo atrás, recién graduado de un programa de Maestría, comencé a preguntarme igual que Gedeón, si la senda que Dios me estaba pidiendo que siguiera necesitaba estar un poco más clara ante mis ojos. Suponía, así como Gedeón que Aquel que separó las aguas de la tierra necesitaba mostrarme una prueba de lo que hacía. Aún así, le pedí una prueba. Y luego de un poco de lana, de más lana y más lana que logré sacar, todavía continuaba estando seca. Y a través de la lana, es decir, de las solicitudes de empleo que envié a los cuatro costados de la tierra buscando empleo, con toda honestidad comencé a preguntarme si Dios veía cuántos montones de lana ponía a un lado para que Él la cubriera de rocío o, incluso, la consumiera por el fuego. ¡Esperaba desesperadamente cualquier señal! Pero parecía que estaba en medio de una sequía o que mis oraciones se habían consumido por el éter.  Si a esta altura las palabras de Jesús “hombres de poca fe” no se habían apoderado de mi mente, entonces deberían hacerlo inmediatamente.

Los Cielos se Abrieron

Un pequeño nubarrón apareció a lo lejos con la invitación a una entrevista en una gran corporación de educación localizada en la ciudad de Nueva York. Pensé, “no era lo que tenía en mente, Señor”, ¡pero por fin la lana estaba húmeda! Aparecieron dos nubes. Y luego, tres. Entonces los cielos soltaron un aguacero tan torrencial que no había ni un copo de lana que no estuviera empapado.

No sólo el Señor proveyó, sino que me dio mucho más de lo que jamás le había pedido. Fui empleado en una institución que sería el sueño para cualquier educador  y en un cargo para el cual cientos de personas habían aplicado. Y para evitar cualquier duda que yo podría estar abrigando, el lugar de este empleo estaba situado en una ciudad donde mi esposa, mi hijo y yo estaríamos rodeados por familias en una de las áreas más hermosas del planeta verde de Dios. El Señor no sólo humedeció mi lana, sino que abrió las compuertas del pozo de sus bendiciones.

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Por Garrett Gladden. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión REINA-VALERA © 1995.


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