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¿Cuál es su Problema?
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Foto: Marilyn Barbone
La mujer había lidiado con su problema por más de una década. Había consultado con sus amigos, investigado acerca de curanderos en su región y gastado todo su dinero en médicos. No sabemos mucho acerca de ella, pero podemos entender su frustración. Quedó sin dinero. Tenía una enfermedad incurable. Tal vez se sentía débil al perder tanta sangre durante tanto tiempo, avergonzada acerca de su condición y cansada de ser rechazada. Con su continuo problema de sangramiento, nunca pudo ir al templo para pedir por ella (Levítico 15). Si estuvo casada, con toda probabilidad su marido se habría divorciado de ella porque era una mujer impura, a quien se le estaba prohibido tener relaciones sexuales (Deuteronomio 24:1). Claro que tenía problemas.

¿De qué forma sus problemas se comparan con los de ella? Tal vez usted esté cansada de que su marido deje sus calcetines tirados en el piso. Tal vez su cabello no luzca bien hoy o sus hijos han traído a casa un pésimo reporte de notas. Quizá lo hayan despedido del trabajo o no puede quedar embarazada, aunque lo ha intentado durante años. Es posible que usted tenga serios problemas: muerte en la familia, divorcio, la pérdida de un hijo. Tal vez podamos aprender algo de los problemas de esta mujer de los tiempos bíblicos.

¡No fue una Proeza Fácil!

Luego de doce años ella se enteró que Jesús iba a pasar cerca de su pueblo y prometió ir a verlo para pedirle que la sanara. Esa no fue una proeza fácil. Ella no se intimidó con la multitud. Tampoco le importó tocar a un hombre en público, aunque fuera algo ceremonialmente impuro. Ya lo había decidido. Ella creía que Jesús podía, y la iba a sanar, y no debía ser algo tan dramático. Sabía que estaba ocupado,  de manera que ni siquiera lo detuvo. Su plan era sencillo; tan sólo tocaría su manto.

Piense en sus problemas. ¿Tiene suficiente fe como para creer que no sólo usted le importa a Jesús, sino que Él le sanará? Esta historia encontrada en Mateo, Marcos y Lucas demuestra que Jesús honra nuestra fe por pequeña que sea. Jesús es accesible en cada circunstancia y siente compasión por el necesitado que acude a Él con fe. Y, a veces, Jesús permite que circunstancias en nuestra vida reduzcan nuestra desesperación, de manera que lo busquemos a Él.

Qué maravilloso es escucharlo decir: “…tu fe the ha sanado –le dijo Jesús–. Vete en paz” (Lucas 8:48).

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Por Dee Litten Reed. Derechos © 2013 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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