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Aprendido en el Vuelo 847
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Fotografía: James Farmer
“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44).

Mi padre siempre ha sido mi mentor, espiritualmente y en otros aspectos de la vida. Al crecer, puedo recordarlo alagando a las personas por sus bien logrados trabajos. Noté que él hacía esto especialmente con aquellos oficios relacionados al servicio que tan a menudo damos por sentado. Cierta vez, mi padre alagó a una auxiliar de vuelo que tuvo que lidiar con algunos pasajeros que la trataron en forma grosera. Se sintió tan agradecida, ¡que hizo todos los arreglos para que mi padre se sentara en primera clase! He tratado de seguir el ejemplo de mi padre al tratar a los demás con cortesía y respeto.

El año pasado, mi esposo y yo fuimos afortunados de poder viajar hasta un centro vacacional. En uno de los tramos más largos de nuestro vuelo que duró cerca de cuatro horas, me senté entre mi esposo y una señora con bastante sobrepeso y una tos persistente. Su tos no era cualquier tos, sino una que sonaba como si se le fuera a salir el estómago. Por intervalos de quince segundos, lo único que hacía era toser y toser. Llegué a sentirme físicamente enferma yo también.

No Sólo Enferma, Sino Enojada

Cuando me di cuenta que esa mujer no sólo me estaba contagiando sino enojando, comencé a orar: Señor, por favor permite que esta mujer deje de toser. Pero la tos persistía.

Entonces, un pensamiento vino a mí. Esa pobre mujer debía sentirse miserablemente mal. Entonces cambié mi oración:  Señor, esta mujer no se siente bien. Por su propio bienestar, ayúdala a no toser más y a que pueda obtener alivio y sentirse mejor.  Un rato después, la tos paró un poco y mi tolerancia mejoró.

Mientras volábamos, la asistente de vuelo debe haber notado que me sentía incómoda por estar sentada al lado de aquella mujer, pero siempre mostré cortesía y una sonrisa en mis labios. Casi finalizando el vuelo, y al quedarme dormida apoyando mi cabeza en el hombro de mi esposo, sentí algo en mi regazo. Cuando abrí los ojos, para mi sorpresa, había una botella de champaña envuelta en una servilleta. Escrito en una servilleta, estaba este mensaje: “Gracias por su sonrisa y por sus buenos modales. De parte del vuelo 847 de American Airlines.”

Hasta el día de hoy la botella de champaña sin abrir me recuerda que siempre debo tratar a las personas con respeto y orar por aquellos que hacen que los demás se sientan miserables. Porque, probablemente, ellos se sientan más miserables aún.

¿Puede pensar en alguien que lo ha fastidiado? ¡Tal vez sea tiempo de orar!

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Por Kari St. Clair. Extracto utilizado con el permiso de "Fit Forever,", compilado por Kay Kuzma, 2005, Publicadora Review and Herald. Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión REINA-VALERA © 1995.


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