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El Primer Hijo
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Fotografia: Dreamstime
Comprendo que no sea justo.

Él ha sido el centro de nuestro universo. Ha disfrutado de nuestro tiempo en forma ininterrumpida durante dos años. Sus necesidades han sido suplidas y sus llantos apaciguados en forma inmediata. Ahora, todo ha cambiado.

Un nuevo hermanito ha llegado.

Ahora hay un bebito que se roba el tiempo de mamá y papá. Él debe compartir el protagonismo. A veces debe esperar  para que sus preguntas sean contestadas o le abrochen sus zapatos. A veces llora como el bebito más pequeño, para ver si alguien también lo alzará en sus brazos.

No es justo. Él llegó primero.

Yo también fui quien nació primero en mi familia. Recuerdo numerosas veces al ir creciendo, que tuve que esperar pacientemente que se me otorgara un privilegio debido a que también se le debía permitir a mi hermano menor. Era frustrante. Sentía que merecía más –yo fui la primera. Mi hijo mayor hoy siente lo mismo que sentí yo una vez.

Parábola Difícil de Aceptar

Para mí, la parábola de los jornaleros de la viña siempre ha sido una de las historias de Jesús difícil de aceptar. A aquellos que fueron empleados a primera hora de la mañana se les prometió pagarles un denario al día. Horas más tarde fueron empleados más jornaleros, lo mismo que al mediodía y ya bien avanzada la tarde. Cuando llegó el momento de pagarles, los últimos jornaleros recibieron su pago en primer lugar. Se les pagó un denario. Aquellos que habían estado trabajando durante todo el día, estaban felices porque de seguro recibirían mucho más dinero por su labor. Pero a ellos también se les pagó un denario. No es sorpresa que comenzaran a quejarse. El dueño del campo les contestó: “¡Mira, amigo! Yo no he hecho nada malo contra ti. Recuerda que los dos acordamos que tú trabajarías por el salario de un día completo. Toma el dinero que te ganaste y vete. No es problema tuyo que yo les pague lo mismo a los que vinieron a las cinco” (Mateo 20:13-14).

Es difícil observar la lucha de mi hijo haciéndole lugar en la familia a su nuevo hermanito. Sé que no le parece justo, pero tengo la esperanza de que pueda comprender que el amor que yo le ofrezco es tan amplio y flexible que siempre habrá espacio para más. Y espero que un día, a través de la enseñanza de parábolas como ésta, pueda reconocer el mismo tipo de amor en su Padre celestial.

Esta parábola nos recuerda que ninguno de nosotros merece nada. El pecado y el egoísmo que rige nuestras vidas desde la niñez, no nos garantiza más que la muerte. Pero el amor y la generosidad de Dios lo abarca todo, a pesar de quién trabajó más duro, quién obtuvo un puntaje más alto, quién era más hermoso o quién nació primero.

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Por Joelle Reed. Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión BIBLIA EN LENGUAJE SENCILLO © 2000.


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