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Albergue
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Fotografia: Agata Urbaniak
Crecí en la parte rural de Virginia –lejos de las grandes plantas de agua potable. Teníamos un estanque artificial que se transformaba en un verdadero charco de barro durante el caluroso verano. La única vez que podíamos utilizarlo para nadar era a finales de la primavera y entonces debíamos luchar contra las heladas temperaturas y las pegajosas sanguijuelas. De modo que no lo utilizábamos mucho. 

El agua llegó a transformarse en una pasión para mí cuando como adulto joven comencé a acampar durante las vacaciones en Cape Hatteras, Carolina del Norte. Allí aprendí a amar el agua. Los faros y los puertos llegaron a ser mis lugares favoritos. Era un verdadero gusto divisar sus botes anclados. Durante las tormentas, que eran veloces y furiosas durante nuestras vacaciones, los puertos proporcionaban protección a todos sus botes anclados. La palabra puerto llegó a significar un lugar seguro para mí. Pero eso cambió. 

He leído muchos libros de diferentes géneros. El último trataba de la búsqueda de paz y serenidad de una mujer. Había sido periodista y tuvo que luchar consigo misma. Pasó mucho tiempo recriminándose y haciendo lo posible por perdonarse a sí misma. Descubrí mucho de mí en la mujer que ella describía en su libro. Los escritores a menudo luchan con esos mismos sentimientos. Probablemente tiene que ver con la personalidad melancólica que caracteriza a la mayoría de los escritores, pero eso no quiere decir que tenga que continuar así. 

Pensamientos Negativos 

Durante los viajes de la autora, descubrió algo acerca de sí misma. Reconoció el puerto que había en su mente –y no era un lugar seguro. Volvería a abrigar pensamientos negativos acerca de sí misma y a recordar las cosas negativas que algunas personas habían dicho de ella. Eso la desgastaba mucho. Cuando ese peligroso puerto comenzaba a escrutarla, tomó una decisión. Cada vez que un pensamiento negativo deseaba anclar en su mente, ella decía en voz alta: “No albergaré ningún pensamiento negativo.” ¿Sabe, qué? Traté de hacerlo, y funcionó. Entonces descubrí que albergar el negativismo no es nada nuevo. 

Job 36:13 declara: “Los hipócritas de corazón atesoran para sí la ira y no clamarán cuando él los ate.” Y Jeremías, dice: “Lava tu corazón de maldad, Jerusalén, para que seas salva. ¿Hasta cuándo permitirás en medio de ti los pensamientos de iniquidad?” (Jeremías 4:14). 

Albergar pensamientos negativos/malvados, es un hábito difícil de romper. Lo mejor que puede hacer es sustituirlos con algo positivo. “Pero yo cantaré de tu poder, alabaré de mañana tu misericordia, porque has dido mi amparo y refugio en el día de mi angustia (Salmo 59:16). 

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Por Dee Litton Reed. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA-VALERA © 1995.


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