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Perros en el Cielo
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Fotografia: Joelle Yamada
Debo hacer que muy pronto la pongan a dormir. 

Durante doce años, ella ha sido la amiga más constante y fiel que he tenido. He estado casada durante cinco años y mis hijos aún no tienen los dos años de edad. Así que a Nala, mi hermosa perrita, la he amado (y ella a mí) durante mucho más tiempo que a mi inmediata familia. Mientras escribo, mis ojos se llenan de lágrimas imaginando lo difícil que será mi vida sin ella. 

La traje al hogar durante el verano en que comencé mi primer trabajo docente, a los 23. Durante esos años sobreviví dejando que Nala se comiera mis zapatos favoritos, masticara las tapas duras de mis libros, hiciera cientos de hoyos en el patio y por la noche tuviera la habilidad de quedarse con el espacio más grande de mi cama. En ese tiempo, aprendí a vivir por cuenta propia, tuve citas amorosas que fracasaron en forma repetida, enfrenté la separación de mis padres, trabajé demasiado y, finalmente, colapsé. Durante todo aquello, el único ser en mi vida que se alegraba de verme, que me saludaba cada día moviendo su cola y lamiendo mi cara, fue Nala. 

En la segunda etapa de la vida de Nala sucedieron muchos cambios para las dos. Me enamoré y la llevé a Hawai, donde fue una de las madrinas de mi boda (¡con collar de perlas y velo incluídos!) Siendo que me casé con un hombre del ejército, fuimos bastante afortunadas en vivir en Inglaterra, donde Nala corría libremente en la granja durante tres años. Luego, la pusimos en una gigantesca perrera y voló hasta Japón, donde vivimos actualmente. No conozco a personas que hayan viajado tanto y experimentado tantos cambios como mi perrita. 

¿Perros en el Cielo? 

A ciertas ocasiones, cuando asistía a la escuela primaria, recuerdo haber escuchado decir que no habrá perros en el cielo. Estoy segura de que existe una respuesta teológica detrás de aquella declaración, pero como me siento hoy en día me parece muy simple decirle algo parecido a los niños… y quizás, también a los adultos. ¿Qué es el cielo? Para mí, es el lugar donde la pena y el dolor, el odio y la ira, la inseguridad y la falta de amor ya no existirán. No puedo pensar en un lugar donde Nala estaría mejor. 

Cada vez más el mundo parece ser un lugar oscuro, pero para mí está claro que el Señor ha puesto cosas hermosas que nos brindan alegría, amor y momentos de luz. En Santiago 1:17, se nos dice que “toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras” (NVI). Nuestras mascotas son sólo un ejemplo de esos regalos que se nos ha enviado. 

No sé si veré a Nala en el cielo, pero de lo que sí estoy segura es que la tristeza que sentiré debido a su muerte, será compartida por mi Padre celestial. “Dos pajarillos no valen sino una monedita. Sin embargo, ninguno de los dos muere sin que Dios, el Padre de ustedes, lo permita” (Mateo 10:29 TLA). 

Gracias, Señor, por regalarme a Nala durante todos estos años. Voy a extrañarte, mi Calabacita. 

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Por Joelle Yamada. Derechos © 2007 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de las versiones NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999 y TRADUCCION EN LENGUAJE ACTUAL © 2002.


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