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Solo, Visíteme, Por favor
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Fotografia: Grafikeray
¿Qué retratos y emociones trae a su mente esta palabra? Para muchos evoca pensamientos de paz y de tranquilidad en medio de la vida estresante, un respiro del trabajo que a veces nos puede dejar agobiados. Aunque para otros, el estar solo es como un compañero inoportuno más persistente. 

Recientemente leí un artículo noticioso acerca de un anciano en Austria que fue encontrado muerto en su apartamento. Se estimó que había muerto hacía tres o cuatro años. Sólo luego de no haber recibido respuesta a una nota del aumento del alquiler que le enviara el propierario, se pensó que algo podría haberle pasado. Su pensión era depositada automáticamente en su cuenta bancaria cada mes, descontándosele el arriendo del departamento. Habiendo sido una persona solitaria, ni siquiera sus vecinos advirtieron su ausencia, ni se preguntaron por qué la correspondencia se acumulaba en su buzón. 

Desde que leí ese artículo he quedado asombrada del número de historias en el noticiero con situaciones semejantes. ¿Cómo es posible –me pregunto–, que en un mundo donde “podemos extender nuestra mano y tocar a alguien” de diferentes formas, la gente esté tan sola? ¿Cómo una persona puede vivir y morir, y nadie notarlo ni importarle? 

Un Corto Abrazo 

Me pregunto cuántas personas han pasado por mi lado, que les he tocado el hombro o he esperado impacientemente detrás de ellos en la fila para pagar, están desesperadamente solas. Pienso especialmente en las personas mayores. ¿Cuántos de ellos se sienten dejados de lado o ignorados luego de haber ofrecido una larga vida dándose a los demás? ¿Cuántos de los que están en asilos de ancianos se sienten solos, esperando por aquellos visitantes que nunca llegarán? ¿Cuántas personas han pasado meses o quizás años sin el consuelo del toque de un ser humano? ¿Para cuántos de ellos un corto abrazo sería el punto culminante del día e, incluso, de un año? 

Mis hijos se sienten incómodos al visitar a las personas mayores de los asilos. Debo admitir que yo misma he sentido temor ante aquellas visitas. Los olores, la dificultad de tratar de hablar con alguien que se acaba de sentar y que me mira fijamente, los gritos de dolor y confusión, me hacen sentir reacia a visitarlos, pero cuando pienso en ese anciano que murió solo, sin que a nadie le importara, vuelvo a tener una nueva perspectiva de ello. Quiero dejarle un legado a mis hijos acerca de preocuparse genuinamente por los demás, de descubrir alguna oportunidad para llevar el evangelio de Jesús dentro de la desapercibida soledad que nos rodea. 

Padre, por favor, abre mis ojos y mi corazón hacia quienes están a mi alrededor y necesitan desesperadamente que alguien se preocupe lo suficiente como para mirarlos, para conversar con ellos, para tocarlos. Especialmente hacia aquellos que no te conocen como su Compañero. Ayúdame a transformarme en Tus ojos para conectarme con los suyos, Tus brazos para abrazarlos, Tus oídos para escucharlos, aunque me cuenten una vez más aquella historia que me han repetido infinidad de veces. ¡Dame las palabras adecuadas para que ellos también lleguen a conocerte! 

“De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25:40). 

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Por Leslie Olin. Derechos © 2013 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA-VALERA © 1995.


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