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La Rueda Chillona
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Fotografia: Sophie
¡Chillidos! ¡Y más chillidos! Silencio absoluto. Durante una reciente y nevada tarde, mi esposa y yo nos dimos cuenta que teníamos un gran problema. Luego de algunos ruidos extraños, de un silencio absoluto y de una casa enfriándose rápidamente, llegamos a la conclusión de que el fuelle del calentador no estaba funcionando. El calor seguía allí, pero no estaba siendo expulsado hacia la casa. 

Afrontamos la helada noche con muchas frazadas y por la mañana llevé un calentador portátil a la cocina y lo encendí, de manera de tener calor por lo menos en algunas áreas de la casa. Llamé a un amigo que parecía entender de asuntos mecánicos. Nos encontrábamos en medio de la peor ventisca del año y tuvimos que esperar un par de horas antes de que llegara. 

Nos trasladamos al sótano y después de quitar el fuelle y probarlo, concluimos que se trataba de un problema pequeño. Todo lo que necesitaba era un poco de aceite. La falta de lubricación había logrado que el sistema se detuviera y, como resultado, teníamos una casa bastante fría. 

Le aplicamos un poco de aceite, prendimos el interruptor y el fuelle comenzó a bombear el ansiado aire tibio en nuestro hogar. Era una respuesta elemental ante un problema difícil. Quedé estático. “La rueda chillona consigue que la aceiten.” Aquel viejo adagio a menudo es utilizado en conversaciones para describir a una persona que consigue que los demás hagan lo que quiere haciendo más ruido. En el caso de las relaciones humanas me gustaría introducir una nueva versión del conocido proverbio:  “La rueda chillona NECESITA aceite." 

Lubricando Nuestras Relaciones 

En nuestra interacción con los demás, la fricción puede ser causada cuando los elementos de lubricación como la bondad y el amor dejan de ser aplicados. Una palabra descuidada por aquí, una vuelta de ojos por allá, y nuestro trato mutuo con los demás puede dejar de funcionar en forma chillona. Cuando esto ocurre, la Biblia es bien clara al mostrarnos que el ser amables con los demás comienza con amarnos los unos a los otros… ¡y eso es cosa de Dios! 

Observen lo que dice este versículo: “Amados hijos míos, debemos amarnos unos a otros, porque el amor viene de Dios” (1 Juan 4:7). 

Si tenemos una profunda relación con Dios aplicando el aceite (bondad y amor) en las “ruedas” (los sentimientos de los demás) esto llegará a transformarse en una extensión natural del parentesco que nos une a nuestro Creador. Los demás se beneficiarán de nuestras ruedas bien engrasadas. 

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Por Michael Temple. Derechos © 2007 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión TRADUCCION EN LENGUAJE ACTUAL ® 2002.


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