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Escogiendo Contentamiento
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Fotografia: Beth Twist
Hoy se cumple el sexto aniversario desde que nos mudamos a nuestro dúplex. Planeamos vivir aquí sólo por unos meses. Habíamos estado arrendando casas remodeladas espaciosas con vistas hermosas de Blue Mountains. Desgraciadamente, los dueños tuvieron que vender en forma inesperada y en treinta días debimos encontrar otro lugar donde vivir. Fue un dúplex nuevo y alegre, de modo que decidimos alquilar hasta que encontráramos una casa más grande. Todavía estamos aquí. 

El problema con nuestro dúplex es éste: es pequeño. Demasiado pequeño. Un pequeño espacio de ochocientos pies cuadrados. Cuando vi que pasaba el tiempo, supe que tenía que hacer una elección. Podría quejarme y enojarme debido a nuestras circunstancias, o podría aceptar el hecho y convertir el espacio en un verdadero hogar. Decidí tomar la mejor elección. No quería que algún día, al mirar hacia atrás, descubriera que había malgastado los años de los cuales podría tener buenos recuerdos. 

Así que incluso tenemos invitados a cenar aunque carezcamos de un comedor formal. Para las festividades de fin de año, ponemos un árbol navideño grande y decoramos por aquí y por allá. Recibimos visitas, esparciendo sacos de dormir en el suelo para que duerman los primos. Nuestra hija tuvo una docena de invitados para su última fiesta de cumpleaños, llenando nuestro hogar de risas. 

No ha sido fácil aprender a sentir contentamiento en un lugar tan pequeño. A veces, he luchado y he sentido tristeza. Pero lo que cambió para siempre mi forma de ver este lugar, fue el viaje misionero que mi esposo realizó a Indonesia después del sunami del año 2004. Volvió con docenas de fotografías y videos de personas que habían perdido sus hogares. En algunas de ellas se podía ver a familias de pie sobre pedazos de cerámica o losa –lo único que les quedaba de lo que fue su hogar. Otros habían puesto banderas donde creían que había estado su casa, reclamando sólo el pedazo de terreno. 

Sintiéndome Culpable 

Observando las fotografías me sentí culpable. Al hacer la comparación, nuestro cálido y cómodo hogar parecía bastante bueno. Tal vez se sienta insatisfecho con su casa; quizás sea demasiado grande o demasiado pequeña; tal vez la carpeta esté desteñida; a lo mejor el patio no es lo sificientemente grande o las ventanas necesitan arreglo. Quizás usted se descubra comparando su casa con la de sus amigos –sintiendo que a la suya siempre le falta algo. Pablo nos dio la clave del contentamiento cuando dijo en Filipenses 4:12 y 13: “Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” 

Pablo no dice que se sintió estupendamente en cada situación o en cada uno de sus resultados. Pero aprendió a sentir contentamiento a través de la fuerza que Dios le dio. 

La elección es nuestra: nos quejamos o nos sentimos contentos. Escogeré el contentamiento. No deseo malgastar ni un solo día quejándome. Nunca podré recuperarlo. 

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Por Nancy Canwell. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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