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La Oración Más Sabia
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Fotografia: Emily Fletcher
Cuando era una adolescente y asistía a una escuela cristiana, recuerdo que durante los exámenes mis amigas y yo reclamábamos fervientemente la promesa de Santiago 1:5: “Si a alguno de ustedes les falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie.” Ahora lo admito, comprendiendo bien el significado sin ser irreverentes, es probable que lo tomemos ligeramente fuera de contexto. En cierta forma, yo no creo que Dios nos garantice sabiduría para pasar los exámenes –¡especialmente cuando no hemos estudiado adecuadamente! Aún más, dejando a un lado el GPA (Grade Point Average), Dios nos promete sabiduría y no desea sino otorgarnos lo que le pedimos con sinceridad. 

La sabiduría espiritual, el discernimiento, la comprensión, la habilidad de distinguir entre el bien y el mal, son el tipo de sabiduría que Dios le otorgó al rey Salomón, y es la misma que hoy nos ofrece generosamente. 

Una noche, Dios se le apareció en sueños al rey Salomón y le preguntó qué deseaba recibir de parte de Él. Sin vacilación, Salomón le pidió “discernimiento de corazón para gobernar a su pueblo y para distinguir entre el bien y el mal”. Complacido de que Salomón escogiera la sabiduría por sobre otros pedidos egoístas, Dios le otorgó a Salomón “un corazón sabio y prudente, como nadie nates de ti lo ha enido ni lo tendrá después”. Dios también le prometió a Salomón riquezas y honores, aunque no se lo hubiera pedido (I Reyes 3:5-15). 

Deleite en Complacer a Dios 

Los escritos posteriores del rey Salomón en el libro de Proverbios, claramente expresan su valor de la sabiduría santa y su recomendación urgente para que nosotros también la busquemos. Al comienzo mismo de Proverbios, Salomón, dice: “El temor del Señor es el principio del conocimiento; los necios desprecian la sabiduría y la disciplina” (Proverbios 1:7). Allí Salomón dice que esa reverencia y obediencia, fluyendo de un amor que se deleita en complacer a Dios, es el primer paso hacia el conocimiento verdadero. Él nos alienta a buscar la sabiduría y el entendimiento, como si estuviéramos buscando un tesoro escondido (2:2-5). Son más provechosos que el oro y la plata, y nosotros debemos considerarnos bendecidos por poseer estos tesoros santos (3:13-14). 

He decidido comenzar a reclamar la promesa de Santiago 1:5 nuevamente. No espero que mi coeficiente intelectual se dispare milagrosamente, pero anhelo poseer una mayor comprensión de todo lo eterno. 

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Por Hannah Henry. Derechos © 2007 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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