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¡Ven, hoy, Jesús!
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Foto: Christopher Potter
Recientemente he estado experimentando una montaña rusa de emociones. Me he dado cuenta que no estoy sola, ¡que cada asiento de esta gran rueda está ocupado! ¿Y por qué no sería así? Un amigo de mi adolescencia dijo una vez: “La vida es muy difícil.” 

La vida es difícil. Dijo una verdad simple, pero cierta. Nadie consigue nada sino a través de las dificultades de la vida. Para los cristianos, los puntos culminantes son acreditados a Dios y, los bajos, a una vida sin Él. En momentos de severos bajones, el cristiano pasa por una “etapa de esperanza” y sueña con el cielo y la Tierra nueva. Este es el mecanismo más efectivo que enfrenta el creyente para la solución de cada problema que la vida nos crea. 

No hace mucho, nuevamente me encontré pensando: “Qué bueno será cuando Jesús venga y nos lleve a vivir con Él”. Reflexioné sobre el dolor y la soledad que desaparecerán para quienes lo han escogido. Me maravillé al pensar que como madre nunca más me preocuparé por mis hijos. No existirán los hospitales. El dinero no tendrá valor. El abuso será una palabra desconocida. –¡Ven, Señor, Jesús!– me escuché decir. 

Puntos Culminantes 

Cada ser humano en este mundo puede relacionarse con el dolor y los desafíos que este brinda. Y todo aquel que tiene esperanza en la venida de Jesús comparte el alivio de saber que un día todas las cosas serán hechas nuevas y cada momento estará lleno de felicidad y satisfacción glorificado por el compañerismo diario de Jesús… ¡en persona! Pero, ¿qué hay de los puntos culminantes de la vida? Es fácil mirar el futuro que nos espera en el cielo cuando estamos atravesando el valle, ¿pero nos sentimos nostálgicos por el cielo cuando las cosas van bien? 

Pensé en ello y lo sigo haciendo todavía. Le pido a Dios que me sensibilice en cada situación para desear cada vez más el cumplimiento del plan de salvación. Sólo deseo estremecerme de ganas de ir al cielo en mi mejor y en mi peor día en este mundo. Deseo que mi día más satisfactorio, alegre, exitoso, saludable y pleno en la Tierra sea igual a aquél en el que levantaré mis manos al cielo y gritaré, sonoramente: “¡Ven, Señor Jesús! ¡Ven, hoy! Abre el cielo, trae a tus ángeles con sus trompetas, abre las tumbas, elévame hasta Tu presencia. Hoy mismo." 

“Antes bien, como está escrito: ‘Cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman’” (I Corintios 2:9). 

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Por Gwen Simmons. Derechos © 2007 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA-VALERA © 1995.


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