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Reflexión de Verano
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Foto: Ronald Schuster
Caminé por la orilla de un pequeño riachuelo que va paralelo a un sendero rocoso junto a un bosque fresco y sombreado. Al pasar, había montones de palos y de escombros atrapados por las ramas que tuve que hacer a un lado. Me hizo recordar los problemas que ha habido en mi vida, pequeños monumentos de las tempestades que se dejaban caer sobre mí hasta el punto de no poder hacerles frente. Los problemas se amontonaban, aferrándome a las ramas de la duda hasta que las fuertes aguas de la fe abrían el camino. 

Al pasar junto a una telaraña, quedé atrapada sin darme cuenta. Se pegó a mí como un pecado en secreto. Comprendí que necesito a Jesús para que me guíe sin peligro a través de las telarañas del engaño de Satanás. Debo caminar no sólo por vista, sino también por fe. 

Ruta Sinuosa 

Cuando me detuve para inspeccionar mi progreso, advertí que había tomado una ruta sinuosa. Como ese pequeño riachuelo, a menudo he seguido la ley del esfuerzo mínimo, sin pensar hacia dónde me dirijo. Apurada en llegar, me olvido a veces de concentrarme en la dirección. 

En un punto, el riachuelo se hizo más lento. En la orilla podían verse aún las huellas de quienes habían pasado antes que yo. Incluso, viajando sola, descubro huellas de mis antecesores. 

Ruidos lejanos lograron que mirara el sol desfalleciente, pero el horizonte sólo me dio una vista limitada dibujando un parche gris. Continué mi camino pensando en cómo los problemas y las situaciones me oprimen tanto que mi perspectiva disminuye y se estrecha. No puedo ver el bosque cuando sólo me fijo en lo que está cerca mío. Sólo cuando salgo y me ubico junto a la Luz, es que puedo ver todo más claramente. 

Un viento repentino me anunció que quedaba poco tiempo. La oscuridad y el tronar a lo lejos me recordaron que ese no era un lugar donde quisiera quedarme. Debía reforzar mi resolución y apresurar mi ritmo si deseaba llegar a mi hogar. El bosque era encantador y me sentía atraída por el riachuelo para tomar un descanso, pero el viaje debía continuar. La vida es buena, pero la tierra es sólo un viaje. El cielo es el destino final, y aún no he llegado al hogar. 

“Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra. De lo pasado no habrá memoria ni vendrá al pensamiento” (Isaías 65:17). 

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Por Donice M. Palmer. Derechos © 2007 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA-VALERA © 1995.


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