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Opulencia Frívola
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Fotografia: Cheryl Empey
La receta aparece en el libro “Guiness Book of World Records” (El Libro de Guiness de Marcas Mundiales) de este postre con helado, frutas y nueces más costoso del planeta. Se llama Golden Opulence Sundae, y fue meticulosamente elaborado por Serendipity 3, un elegante restaurante en la ciudad de Nueva York. Las bolas del helado tahitiano de frijol de vainilla, fundido con vainilla ahumada de Madagascar, están revestidas en hojas de oro comestible de 23 quilates, “el cual deja una huella de polvo de oro alrededor de las bocas de sus comensales.”

Este increíble antojito se come con una cuchara de oro de 18 quilates mientras otra, de nácar, es reservada para el tazoncito de caviar sin sal que descansa encima del postre. ¿El precio? La mera suma de $1,000. ¡Y creo que una porción grande de banana split cubría “la cima”! 

Mientras esta elaboración en toda su decadencia crea una racha de sensacionalismo a través de los medios de comunicación del mundo, el significado importante de alguien que sucumba a la compra de este postrecito no debiera ser ignorado. ¿Cuánto es suficiente? Más importante aún, ¿cuánto es demasiado? 

¿Un plato de Helado Otorga Valor? 

Los proveedores de mezclas tan lujosas como este postre a menudo utilizan la presunción del orgullo humano para sus ventas. “Usted se lo merece, usted lo vale,” exclaman. Pero la trágica realidad permanence, y es que existen personas orgullosas que creen que comiéndose un postre de $1,000 hará que el mundo los valorice más. Personalmente, encuentro lamentable que un plato tan costoso de helado pueda solidificar la idea de que alguien posee un valor personal increíble. 

Símbolos de prestigio abundan en la vida, desde automóviles costosos hasta postres de punta. La humanidad clama por una manera de expresar adecuadamente que somos individualmente valiosos, pero ese hecho asombroso ha sido establecido hace ya muchos años. 

Lea este poderoso versículo de la Biblia: “Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). 

Cuando interiorizamos que el Creador del universo vio esta clase de valor en la humanidad, nos hace preguntarnos por qué a menudo sentimos la necesidad de demostrar ante los demás cuánto valemos. No hay forma de mejorar el opulento don que Dios nos ha otorgado. Si el sacrificio de Dios no demuestra el increíble tesoro que tenemos en el Todopoderoso, entonces gastar cantidades asombrosas de dinero en cosas superfluas que no necesitamos, no nos llevará a ninguna parte. 

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Por Michael Temple. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión TRADUCCION EN LENGUAJE ACTUAL ® 2002.


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