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Ríos Misteriosos
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Fotografia: Rodolfo Belloli
Cuando miro hacia abajo para ver el río desde la orilla, siempre me embarga un sentido de curiosidad, de inquietud e, incluso, de temor. Los ríos son criaturas misteriosas. Se enrollan, se encorvan, se erizan, fluyen y corren casi como serpentines, algo particular solamente en ellos. Donde yo crecí, un pueblito campestre de 3.000 habitantes, había un río que pasaba a poca distancia de mi casa. Aquel río, con su superficie oscura y profundidades desconocidas, era un cúmulo de posibilidades para un niño como yo. Un panorama cambiante donde momento a momento nada era igual en su torrente. Su corriente me traía nuevas promesas de aventura e intriga interminables. 

Con la llegada de cada verano pasaba día tras día metido en el río, saliendo solo para saltar de espaldas el puente o para obedecer las incesantes órdenes de mi madre a que saliera inmediatamente de allí… si quería seguir viendo el río. Ya fuera haciendo hoyitos en la orilla que luego llenaba de agua o cogiendo la cantidad más grande de culebras que luego metía dentro de aquellos orificios, el río siempre me llenaba de gozo y de temor. Era estimulante lanzarles pelotas de barro en las espaldas a mis amigos mientras corrían aterrorizados de mi entrenado brazo; las veces en que fui mordido por las pirañas o sentido el roce de tiburones de agua dulce sobre mi pierna, permanecieron en mi recuerdo cada vez que me zambullía en él. Pero la atracción del río, sus lados conocidos y aquellas amenazas insondables, eran innegables para mí. Aún es innegable su atracción. El anhelo de sumergirme y descubrir cosas ha crecido más aún con el tiempo. 

Sumergiéndome 

Cuando medito en lo que el río representa para mí, no puedo sino recordar mi fe. Sus profundidades también son insondables y misteriosas. Sus corrientes están llenas de gozo y de temor. Cuando observo mi fe en toda su anchura y profundidad, agitación y confusión, siento como si estuviera sumergiéndome en ella. Lo mejor de todo es que jamás entraré solo a sus aguas. El Todopoderoso ha prometido esperarme allí y guiarme con Su mano. ¡Qué mejor que entrar en el agua con Aquel que ha caminado sobre ellas! 

“Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas…” (Isaías 43:2). 

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Por Garrett Gladden. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 2002.


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