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Voy a Borrar a ese Hombre
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Fotografia: MorgueFile
Un musical del año 1949 llamado “South Pacific” incluye una canción popular que me gustaba cantar cuando era adolescente y que decía, “Voy a Borrar a ese Hombre de mi Cabello”. Yo era una jovencita común y corriente y esas palabras eran exactamente lo que necesitaba de vez en cuando. El argumento hacía que Ensign Nellie Forbush se enamorara de un francés de mediana edad, dueño de plantaciones en una isla del sur del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. Desde luego, tenía problemas pero, ¿qué obra de teatro o musical que se precie de bueno no tiene problemas de amor? En una de las escenas más cómicas, ella se ve en una ducha al aire libre, con el pelo lleno de jabón y cantándole a sus compañeras enfermeras del ejército. Ellas, por supuesto, la vitoreaban sabiendo lo frustrantes que pueden llegar a ser las relaciones personales. 

La hermandad es un fenómeno increíble. Acabo de asistir a un fin de semana espiritual llamado Woman of Faith. Fue realizado en un gran centro de entretenciones en el centro de Saint Louis. Nunca presencié algo así –miles de mujeres cantando de pie, alabando a Dios por su bondad y cuidado. Fue realmente inspirador. 

La relación entre un hombre y una mujer es algo ordenado y bendecido por Dios, pero eso no significa que usted renuncia a sus amigos. Las amigas permiten que las casadas tengan un descanso de ser super mamás y super esposas. Desde luego, no todas estamos casadas y el ser amigas llega a convertirse en una prioridad mucho mayor. Nuevas investigaciones han demostrado que las amistades impactan nuestra salud emocional y física. Las amistades nos pueden proteger de la depresión y la ansiedad. Pueden aumentar nuestro sistema inmunológico y llegamos a gozar de un sistema cardiovascular mucho más sano cuando pasamos tiempo con nuestros amigos. 

La Amistad de las Mujeres 

Hay un gran versículo en la Biblia que habla acerca de la amistad de las mujeres. La historia comienza con los Israelitas consiguiendo la autorización para salir del cautiverio y de la crueldad de los egipcios. Imagine, usted, el temor mezclado con la alegría en todos sus corazones cuando lograron salir de la ciudad rumbo al desierto. Se preguntaban si ya habían concluído las décadas de esclavitud que tuvieron que sufrir. ¿Y cómo cree usted que se sintieron cuando se dieron cuenta que Faraón llamó a su ejército y les ordenó que los siguieran? Exodo 14:10 llena los espacios en blanco: “Cuando el faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos y vieron que los egipcios venían tras ellos, por lo que los hijos de Israel clamaron a Jehová llenos de temor…” 

Pero Dios no los había enviado tan lejos para destruirlos. El milagro de la separación de las aguas del mar es sólo un pedacito de la historia. Cuando los israelitas cruzaron el sendero seco del mar y alcanzaron la costa opuesta, las aguas cubrieron al ejército egipcio que había sido enlodado por las fuerzas de Dios. 

Dios borró a aquellos hombres del cabello de los israelitas. ¿Y quiénes se detuvieron y alabaron a Dios con cánticos y panderetas? Fueron María, la hermana de Aarón, Moisés y sus amigas. Las amigas que ella tenía en Egipto y los amigos a quienes ella consultó en su tiempo de angustia durante la ardua jornada al salir de Egipto. Los amigos con quienes lloró y oró tomaron tiempo para regocijarse. Ellos no solo cantaron y tocaron sus panderetas. Exodo 15:20 dice que bailaron. 

¿Ha pasado mucho tiempo desde que usted se tomó el tiempo con su mejor amigo para cantar, regocijarse y, tal vez, incluso bailar? 

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Por Dee Litten Reed. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión REINA-VALERA © 1995.


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