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Intimidados por la Riqueza
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Fotografia: Lisa Ushakova
Apenas la semana pasada, mi marido recibió un correo electrónico que nos enviaron unos viejos amigos de la Universidad. No habiendo tenido noticias de ellos durante un par de años, mi esposo leyó con ansias el mensaje y me contó lo que decía. Nos pusieron al día en cuanto a sus asombrosas vidas. Gozaban de carreras bastante lucrativas, desempeñaban roles de liderazgo en sus iglesias y en la comunidad y vivían en casas dos veces más grandes que la nuestra. En comparación, nuestra vida era bastante normal. Traté de alegrarme por ellos. Les contesté utilizando frases de felicitaciones, pero interiormente comencé a sentir un poco de envidia por ellos. Sabía que estaba equivocada, pero no lo podía evitar. Aquel día lo pasé sintiéndome descontenta interiormente. 

Créalo o no, mis celos y envidia lograron que violara los Diez Mandamientos. El décimo mandamiento (Exodo 20:17) dice claramente que no debemos codiciar las posesiones de los demás. De acuerdo al diccionario de la Real Academia, la palabra codiciar significa “ansiar, apetecer vehementemente una cosa.” 

Deseo Envidioso 

Aquella noche, cuando en un arranque de furia me senté a leer la Biblia, Dios me habló en relación al deseo envidioso por las pertenencias de mis amigos. Abrí el libro de Salmos y allí, donde menos esperaba, apareció el versículo que tanto necesitaba. 

“No te asombre ver que alguien se enriquezca y aumente el esplendor de su casa, porque al morir no se llevará nada, ni con él descenderá su esplendor” (Salmos 49:16-17). * 

Suspiré hondo y sentí que la paz me inundaba mientras leía y releía aquellos versículos. Finalmente sentí una felicidad genuina por mis amigos y deseé para ellos la prosperidad y el éxito. En una forma no tan sutil, Dios me recordó no sentir fijación por su dinero ni por aquel “aumento de esplendor” de su nueva casa. Las cosas materiales no son malas, pero tampoco son eternas. En resumen, la riqueza no merece que me sienta “intimidada”, ¡ni tampoco vale la pena como para quebrantar el décimo mandamiento! 

* Este capítulo deja claro que los que tienen riquezas sin la comprensión de Dios, nunca verán la luz de la vida y perecerán. Ciertamente, no acuso a mis amigos de ello (ni a nadie, en particular). No es el punto que quiero enfatizar en este artículo. 

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Por Hannah Henry. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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