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Envidia del Carro Rojo
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Fotografia: Steve Woods
Era difícil no verlo. Ahí estaba aquel hermoso convertible color rojo cereza estacionado frente a la iglesia. Además, en el asiento del conductor, Leslie, con su cabello rubio, como reclinada. Parecía feliz y tranquila, y todo lo que podía hacer yo era pensar en el convertible que dejé en California y cuánta envidia me producía ella y su vehículo color cereza. 

Mi primer convertible fue un regalo para mi cumpleaños número 40. Mi esposo y nuestros hijos habían ido al local de ventas y habían ordenado justo el más apropiado y esperamos, esperamos y esperamos que llegara a la tienda. La producción se detuvo y no fue hasta varios meses después que lo recibí, pero valía la espera. Lo manejé hasta que pasó a mejor vida, 10 años más tarde. 

Mi divorcio, la mudanza a Florida y los infortunios financieros me mantuvieron con verdaderos cacharros durante los próximos 10 años. Cuando lo compré tiempo después, fui a local donde vendían carros usados y adquirí otro convertible. Desgraciadamente, no había pensado bien las cosas y en un año había gastado mucho más del valor del coche y tuve que cambiarlo por uno pequeño. Dos años más tarde, le eché el ojo a otro convertible usado, y lo compré.
 
Fidelidad en Cuatro Puertas 

Mi mudanza a Saint Louis este invierno hizo que pensara en la inteligencia de mi adquisición. Número uno, el carro se gotea cuando llueve. En el sur de California no es un gran problema, pero… ¿y en Saint Louis? Además, si está de visita mi nieto, la única forma de conseguir que entre en el asiento con su sillita, es bajando el capó. Mi vehículo es una cómoda fidelidad en cuatro puertas. 

Volvamos a la hermosa Leslie y su carro. Hice los cumplidos apropiados. Siendo nueva en la iglesia, no conocía muy bien a Leslie, pero me acerqué a ella y le pregunté por cuánto tiempo tenía ese vehículo. 

“Es un regalo,” contestó. “Nuestros carros estaban teniendo problemas y alguien nos lo ofreció. Nunca habría podido tener un coche como éste.” Ahora sí que me sentía celosa y también deseaba tener mi propio benefactor, hasta que dijo: “Es más una bendición que un modo de transporte,” siguió diciendo. “Yo lo llamo nuestro carro-terapia. 

Ahora que Madison está tan enferma, no puede salir a jugar pero disfruta mucho de los paseos que damos sin el capó del coche. Le hace bien estar al aire libre”. 

Entonces recordé dónde había escuchado el nombre de Leslie. Habíamos estado orando por su familia desde que su hijita de 10 años de edad fue diagnosticada con cáncer y seguía un tratamiento de quimioterapia. Dejé de sentirme celosa, sino muy agradecida de que haya cristianos amables y generosos que detectaron una necesidad y la suplieron. No sé si Leslie haya orado por un hermoso convertible rojo, pero Dios sabía lo que su familia necesitaba.
 
“…yo les responderé; todavía estarán hablando cuando ya los habré escuchado…” (Isaías 65:23-25). 

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Por Dee Litten Reed. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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