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Imitadores de Dios
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Foto: Anissa Thompson
La lectura de la Biblia me llevó recientemente a un versículo en Efesios que capturó mi atención en forma inmediata. Aunque es un versículo corto, lo leí una y otra vez. 

“Porque ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de luz” (Efesios 5:1). 

Imitadores. Esa palabra me capturó. Como madre de niños pequeños, conozco un par de cosas acerca de su extraña habilidad de imitar lo que sea que vean o escuchen. Tome el ejemplo de mi hijo de dos años de edad. El otro día lo llamé para que dejara de jugar y subiera a cambiarse de ropa. Inmediatamente gritó (con el tono adecuado de queja y rezongo): “¡No hombre, no!” Seguramente escuchó a su papá o mamá utilizar esa misma frase y decidió agregar un poquito de argot a su vocabulario. Yo no podía dejar de reírme entre dientes y agradecí que obedeciera a pesar de quejarse. 

Todos sabemos que la imitación de los pequeñitos es más que un mero entretenimiento para los adultos. Juega un rol clave en el proceso del desarrollo. Curiosa por aprender más acerca de esta fase, corrí al internet por ayuda rápida y encontré un interesante artículo en el sitio www.parents.com. Este artículo en particular, reimpreso en febrero de 2001 en la revista Parents, se titula “What Your Child Learns By Imitating You” (“Lo que Su Hijo Aprende Imitándole”). En él, el autor describe la imitación como algo crucial en el desarrollo de las diferentes habilidades del niño que van desde el idioma hasta la conducta social. El artículo dice: “Para los bebitos de un año de edad la imitación sigue un proceso de cuatro pasos: mirar y escuchar, el procesamiento de la información, intentar copiar la conducta y practicarla”. 

Es Natural para los Niños 

La imitación es algo natural para los niños. Los adultos pueden seguir imitando hasta cierto punto, pero yo me aventuro a adivinar que no siempre es a Dios a quien imitamos. Así como Pablo les dijo a los Efesios, nosotros necesitamos llegar a ser como “niños amados”, y eso significa colocarnos nuestros “sombreros de imitadores” y fijar los ojos en Dios. 

Cuando leí por primera vez Efesios 5:8, me cuestioné cómo deberíamos comenzar a imitar a Dios. Felizmente, la revista Parents, sin saberlo, nos da un punto para comenzar. Si el proceso de cuatro pasos funciona para un bebito de un año de edad, quizás funcione también para nosotros. 

1. Observe y escuche lo que Dios nos dice. Pase tiempo en oración y estudiando la Biblia y tenga cuidado de no realizar todo lo que dice que hará. Dése tiempo para meditar en lo que Dios quiere enseñarle. 

2. Procese la información. Permita que ella profundice; no lea simplemente y luego se olvide de todo lo que leyó. 

3. Intente copiar conductas. Aplique la información a su vida en cualquier forma posible. Viva lo que ha aprendido. 

4. Practique. No podemos esperar que lo que Dios desea de nosotros nos venga naturalmente en el primer intento. Imitar a Dios nos desafía e, incluso, puede requerir grandes cambios en nuestra vida. Más aún, a través del aliento y de la ayuda de nuestro Padre celestial, por medio de la imitación, podremos convertirnos en los hijos que Dios desea que lleguemos a ser. 

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Por Hannah Henry. Derechos © 2013 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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