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Mi Roto Corazón
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Fotografía: Hemera
Mi corazón está roto. Mi hija está viviendo un matrimonio difícil e infeliz. Como la mayoría de los padres, yo deseaba que se uniera a alguien que la protegiera y reafirmara sus talentos, dones y belleza. Alguien que desafiara su crecimiento personal, compartiendo sus valores. Y, más que todo, una persona que escuchara al Espíritu Santo y la guiara tiernamente hacia una experiencia con Jesucristo. No esperaba un matrimonio realizado en el cielo, pero anhelaba uno que los prepararía a ambos para vivir la eternidad en el cielo.

Escucho sus mensajes y llamadas telefónicas y espero saber cuál es el tono de su voz. ¿Han discutido de nuevo? ¿Ha sido él poco amable con ella o la habrá amenazado de alguna manera? Me estremezco con las descripciones de su comportamiento malo y controlador. ¿Cuánto no me dice para que yo no me preocupe demasiado? ¿Debemos insistir en que se separe de él y vuelva a casa? ¿Cuándo se dará cuenta ella, que ya ha soportado lo suficiente?

Oro por los dos. Me preocupo realmente de mi yerno. Posee grandes atributos y potencial. Pero no sé si es capaz de proporcionarle un hogar seguro y cariñoso a mi hija. Toda su vida ha tenido un déficit emotivo y escacéz de una educación espiritual –su desarrollo está detenido. Pero al mismo tiempo, también estoy consciente de las carencias de mi hija. Una relación sana, también exigiría mucha paciencia, sacrificio y delicadeza.

Una parte de mí a veces piensa, ­¡esto era lo que ella quería! Siempre le gustaron los amigos diferentes o exóticos. A su esposo lo conoció en el Internet. Fuimos muy cuidadosos cuando le permitimos que lo conociera personalmente. Se quedó en nuestro hogar durante muchas visitas y luego vivió con nosotros antes de que se casaran. La atosigó con obsequios, comidas y salidas. Parecía valorarla. Luego le hablamos de las señales de alerta en la relación. Incluso el pastor y un consejero trataron de advertirla luego de las sesiones prematrimoniales. Sin embargo, ella permaneció comprometida a algo que parecía destinado a una promesa que debió haber reconocido no ser lo mejor para ella. ¿Qué falla heredó que la hizo actuar así?¿Pensó que no habían otras elecciones en la vida? ¿Que nadie más la podría amar? Preciosa niña mía.

Y ahora, cual si fueran dos caballos muy distintos, con las riendas puestos para una carrera de por vida, tirándolas en tiempos diferentes, en direcciones diferentes. Presionando sobre el rastro, rompiendo la tierra, con los ojos desorbitados por el esfuerzo, pero pesados por una carga increíble. No logro distinguir de qué forma lograrán llegar a la meta sin herirse ellos mismos.

Crianza Dolorosa

Junto con mi pena y frustración, oro y estudio la Palabra de Dios, pidiéndole a otros que también oren. Trato de escuchar y luego aconsejar, delicadamente. Sé que he cometido errores en mi matrimonio, así que a menudo, me quedo sin palabras. Sé que esa desdicha puede tener resultado momentos de triunfo espiritual.

Somos humanos. Somos los niños preciosos de Dios. Esta crianza dolorosa de línea lateral, me recuerda a un inmenso dilema terrenal. Cada día creamos/escogemos matrimonios repletos de desastre. Matrimonios que harán más difícil nuestra estadía en la tierra y, probablemente, afectarán nuestra eternidad. Nuestra herencia son generaciones de hijos errantes, gobiernos fracasados, líderes débiles y promesas rotas.

Querido Dios, ahora comprendo la otra parte de tu corazón quebrantado y te agradezco por la gracia extendida hacia todos tus hijos.
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Por Gracie Peters, seudónimo. Derecho de autor © 2005 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Traducido por Chari Torres.


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