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Confiando…Otra Vez
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Fotografia: Sanja Gjenero
Matemáticas. No es mi asignatura favorita. No me gustaban las matemáticas cuando era un estudiante, no me gustaron cuando eduqué a mis hijos en casa y no me gustan las matemáticas ahora como maestra suplente en la escuela secundiaria pública donde trabajo. Entonces, ¿por qué me siguen llamando para dar clases de matemáticas? 

Recientemente, el director me llamó para realizar un trabajo sustituto. Me entusiasmó la idea de conseguir ese trabajo y me imaginé en un salón enseñando Historia, o Inglés o, tal vez, Ciencias. Y entonces el director me dijo: “Matemáticas”. Me escuché a mí misma, decirle: “Por supuesto, está bien”. Pero mi voz interior, dijo: “Ohhhhhhh, Matemáticas, no… no, otra vez!” 

¿Por qué me sucedía esto? Tampoco era la primera vez. Cuando trabajé como asistente, fue para un maestro de matemáticas. Cuando trabajé como tutora, lo hice en Matemáticas. Mi grado es en Inglés, pero por alguna razón, esa asignatura rara vez termina dentro de mi horario. Así que al aceptar el trabajo relacionado con las Matemáticas, me acosté llena de temor y ansiedad por lo que acababa de hacer. Es que, vea, usted, no sólo me desagradan las Matemáticas, ¡sino que ellas me tienen aversión! No es natural que yo trabaje con números y es difícil para mí el hacerlo. 

Dependiendo de Él 

Cuando finalmente me quedé dormida, terminé teniendo sueños inducidos por la ansiedad y al día siguiente me desperté inquieta y preguntándome lo que haría. Entonces hice lo que siempre estoy segura que debo hacer, pero que no siempre hago inmediatamente. Oré. Profundamente. Fervorosamente. Primero, le pregunté a Dios por qué había sido llamada para realizar un trabajo para el cual no estaba capacitada en lo más mínimo. Luego, le pregunté qué se suponía que debía hacer al respecto. Mientras oraba, sentía que una paz me sobrecogía y oí una voz dentro de mi cabeza que no sonaba como la mía. Claramente, la voz preguntó: “Gwen, ¿pensabas que a propósito te puse en aquel lugar para molestarte o para que te sintieras inadecuada? ¿Has pensado alguna vez que quizás dependes de mí más de lo que dependes de ti misma?” Luego recordé las palabras de 2 Corintios 12:9, que dicen: “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” De repente, me dí cuenta que quizás no haya sido el director o los maestros quienes me llamaban a sustituir para las clases de Matemáticas. Tal vez haya sido Dios quien me llamó. 

Inmediatamente, el asunto se arregló y cesó mi ansiedad interior. Reconocí que Dios es quien tiene el poder y yo, la débil. ¡Especialmente en Matemáticas! Así que esta experiencia, como tantas otras en mi vida han sido sólo una oportunidad más para confiar en Dios. 

Qué privilegio tenemos al ser débiles. Al sentirnos ineficaces. Porque cada vez que nos sentimos impotentes, se nos presenta el regalo de una oportunidad más para confiar en el poder de Dios. Es, en realidad, una ecuación muy simple. La debilidad humana + la gracia de Dios = poder. Incluso, yo misma puedo hacer ese ejercicio matemático. 

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Por Gwen Simmons. Derechos © 2007 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión REINA-VALERA © 1995.


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