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Vinculándonos
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Fotografia: Stacy Braswell
John Donne, el gran poeta del siglo XVI, escribió una vez: “No ser parte de alguien es no ser nada”. Obviamente, él reconoció uno de los elementos fundamentales del ser humano –la necesidad de estar en relación con los demás para sentirse parte significativa en la vida de otros. Los gigantes espirituales de cada milenio han enfatizado que alguien puede llegar a ser completamente humano poniendo atención a la dimensión relacional de la vida, viviendo dentro de una comunidad amorosa y apoyadora. 

La etimología latina de la palabra “religión”, sugiere que la palabra proviene de “re-ligare” –atar, conectar de nuevo (de la misma forma que los ligamentos se atan/conectan a los huesos). La religión genuina sugiere que aquel volver a conectarse, ese acto de atarse de nuevo, necesita suceder entre los seres humanos y Dios, y entre los seres humanos y sus pares. En otras palabras, todo el asunto de la religión es ayudar a facilitar esa re-conexión vertical y horizontal. 

Y en cambio la tragedia de la historia humana es que muy a menudo la religión ha tenido un efecto contrario –en vez de unir a las personas, las ha alejado, en vez de hacer más fácil que las personas se conecten de nuevo con Dios, se ha tornado más difícil. No es de extrañar que tantas personas en nuestra cultura actual piensen que la religión organizada es desagradable e irrelevante. ¡Con demasiada frecuencia la religión ha perdido de vista su verdadero llamado! 

La Biblia le proporciona a la iglesia una metáfora sumamente significativa. “La iglesia de Cristo es como el cuerpo humano. Está compuesto de distintas partes, pero es un solo cuerpo. Entre nosotros, unos son judíos y otros no lo son. Algunos son esclavos, y otros son personas libres. Pero todos fuimos bautizados por el mismo Espíritu Santo, para formar una sola iglesia y un solo cuerpo. A cada uno de nosotros Dios nos dio el mismo Espíritu Santo. Cada uno de ustedes es parte de la iglesia, y todos juntos forman el cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:12, 13, 27). 

Conectados 

Así como en el cuerpo humano, donde todo está conectado, así también todos estamos conectados dentro de la familia de Dios. La misión de la iglesia es unir a las personas, conectarse nuevamente el uno con el otro de forma significativa, de manera que cada persona reconozca su valor y función especial en la contribución total de un todo. El Señor nos llama a recordar–a que recordemos–que el tipo de vida de Dios, la verdadera vida humana, significa conectarse, unirse, reconociendo nuestra necesidad de unos y otros, nuestra conexión como hijos de Dios, igualmente valorados, respetados y preciosos ante Él. 

Nos necesitamos entre todos para llegar a ser más humanos. Necesitamos cuidarnos, protegiendo las conexiones con los demás. Se supone que para eso está la iglesia. Espero que usted haya encontrado su lugar especial en una comunidad espiritual que lo conecte de nuevo a su ser interior, a los demás y con el Dios que lo ama más de lo que se puede imaginar. 

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Por Greg Nelson. Derechos © 2007 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión Biblia en Lenguaje Sencillo ® 2000.


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