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Sin Duda
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Fotografia: Eszter Dobay
Mi barriga es inmensa… y aún me faltan 10 semanas para el gran día. Demasiado tiempo para meditar en todo lo que podría suceder el día en que daré a luz a mi sengundo hijo conociendo de primera mano toda la locura del trabajo de parto y del alumbramiento. Todo ello me ha hecho preguntarme por qué Jesús le dijo a Nicodemo que debía pasar por aquello nuevamente (Juan 3). ¿Qué había acerca de nacer de nuevo para que Él quisiera que Nicodemo lo experimentara otra vez? ¿El claustrofóbico sentimiento de estar siendo empujado a través de un espacio tan pequeño? ¿Un cráneo extrañamente formado? ¿El jadeo intensante por aliento y experimentar el llanto por primera vez? Creo que no. Yo pienso que Jesús estaba hablando no sólo de renacer, sino de re-crecer. Tal vez haya cosas acerca de ser un bebé humano y un bebé espiritual que Nicodemo necesitaba aprender de nuevo. 
No existe duda en la mente de un bebito que todas y cada una de sus necesidades serán suplidas. Llora, y es alimentado. Llora de nuevo, y se le cambia el pañal. Llora una vez más, y se lo mece para que duerma. ¿Alguna vez un bebé pensará, “húmmmm, me pregunto si habrá leche hoy, o si me cambiarán de ropa, o alguien me acunará.” No. Un bebé, en su insondable confianza, cree que sus necesidades serán suplidas. 

No existe nada que pudiera sucederle con los padres que tiene y que cuidan de él. Estará a salvo, bien alimentado y tibiecito –sin duda. 

Todos éramos así alguna vez. Pero, ¿y ahora, qué? ¿Creemos realmente que nuestro Padre celestial proveerá TODAS nuestras necesidades? 

Los discípulos, ciertamente no lo creyeron así. Cuando Jesús hablaba ante una gran multitud, llegaron a sentir pánico porque no habría suficiente alimento para todos. Pero Jesús les demostró que podían confiar que iba a satisfacer sus necesidades. De hecho, Jesús dejó ver la abundancia de Su provisión no sólo alimentando a la multitud sino que quedando con doce cestas llenas de sobras al final de la comida (Juan 6). 

¡Pero Nos Preocupamos! 

La Biblia claramente nos dice que no debemos preocuparnos por lo que comeremos, beberemos ni vestiremos, o por lo que sucederá mañana, o la próxima semana, o el próximo año (Mateo 6). Pero nos preocupamos igual. Por alguna razón hemos perdido la inocente confianza y dependencia en el Señor que una vez tuvimos. 

Pienso que lo que Jesús le estaba diciendo a Nicodemo, y a nosotros, también, es que debemos recuperar esa dependencia inicial. Quizá el primer paso es comprender por qué la hemos perdido. Imagino que cada uno de nosotros, en algún momento de nuestra vida, fuimos desilusionados por algún miembro de nuestra familia terrenal o por algún amigo íntimo –alguien en quien habíamos dependido y confiado y que nos abandonó para que nos defendiéramos solos en la vida. Y, desde entonces, no hemos podido confiar nuevamente de esa forma inocente. 

Mientras diariamente volvemos a nacer y volvemos a crecer, debiéramos reconocer que aunque la humanidad es imperfecta, la divinidad es perfecta. Dios nunca nos dejará ni nos abandonará. Él siempre estará a nuestro lado, proveyendo gozosamente en cada una de nuestras necesidades. 

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Por Joelle Yamada. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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