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¡Sea amable!
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Fotografia:  Tory Byrne
Es asombroso comprobar las lecciones de vida que puede aprender un padre de sus hijos. Una de las lecciones que aprendí de mi hijo sucedió cuando era muy pequeño. Me había enojado por algo y terminé gritándole a él. Luego, me arrepentí de haber perdido el control y me disculpé con él. Escuchó atentamente mi disculpa y luego me contestó muy amablemente: “Está bien, mamá, pero usted debe saber que conseguimos mucho más de las personas cuando somos amables”. 

¡Es tan cierto! Debo admitir que no siempre soy una persona agradable, pero lo he sido más a menudo gracias al sabio consejo de mi hijo. 

Por ejemplo, no hace mucho me llamaron para sustituir al maestro de un montón de estudiantes peleadores de una escuela secundaria que habían sido confinados a pasar “estudiando estrictamente” en un salón. En pocas palabras, eso significa que están obligados a estar solos. No hay permiso para abandonar el salón, ni privilegios para ir a la biblioteca, ni para hablar, ni para usar teléfonos celulares, ni para abandonar el salón por ningún motivo. 

Bruja Gruñona Apuntando con el Dedo

El primer día me encontré siendo desafiada constantemente, discutiendo, siendo ignorada y, básicamente, dejando que me faltaran el respeto. No era sorprendente, pero no me gustaba el hecho de observarme a mí misma transformándome en una amenazante bruja gruñona apuntando con el dedo sólo para mantener cierto grado de civilidad. 

Al día siguiente tuve malas noticias desde el comienzo. Como resultado, supe que no estaba en mí el poder controlar a ese grupo de muchachos confinados en el salón de estudio. Con un nudo en la garganta y las lágrimas a punto de rodar por mis mejillas, entré al salón. Como de costumbre, estaban listos para hacer ruido pero en vez de amenazarlos, simplemente les dije en tono calmado: “Oigan, muchachos… estoy teniendo un mal día. Así que les pido que por favor sean considerados y me ayuden haciendo sus deberes en silencio. Lo apreciaría mucho”. Y era sincera al decirlo. 

Durante los próximos 30 minutos, usted podría haber escuchado caer un alfiler. Eché una mirada por el salón admirada y maravillada. Ellos eran los chicos inmanejables. ¡Ellos eran los Más Buscados de Norteamérica! Allí estaban, sentados en forma pacífica y en silencio. No sólo me sentía asombrada, sino que de verdad lo apreciaba. Ellos me habían ayudado a reponerme permitiéndome pasar un momento de silencio. 

Cuando llegaron los últimos diez minutos de clase, me alegro de poder decir que rompí la regla de no permitir que los alumnos hablaran durante el tiempo de confinación. Por el contrario, tomé aquel momento de enseñanza rompiendo el silencio para darles las gracias por su consideración. Les confié que le diría a su maestro lo bien que se habían comportado y los autoricé a que conversaran entre ellos durante el resto del tiempo. ¡Se lo ganaron! Me habían respetado, ¿por qué yo no debería respetarlos a ellos? 

Aún me asombro al recordar el silencio que había en aquel salón. ¡Imagino que hasta las paredes estarían impactadas! Pero al recordarlo, pienso en el consejo de mi pequeño hijo, cuando me dijo: “Conseguimos mucho más de las personas cuando somos amables”. Sí, el respeto mutuo se consigue en largo trecho. 

Me alegro al saber que nuestro Padre Celestial también utiliza este método. Ciertamente, si Él así lo quisiera, podría gritarnos, amenazándonos hacer caer fuego del cielo cuando nos portamos mal. Y lo mereceríamos. Pero en vez de eso, Dios sigue creyendo en nosotros y espera lo mejor de cada uno. Pero usted no debería asombrarse. A fin de cuentas, ¡Dios es quien inventó la amabilidad! 

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Por Gwen Simmons. Derechos © 2007 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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