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Maleza y Pecado
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Foto: Lynne Lancaster
Este verano el césped de mi jardín me desafió a que aprendiera más de lo que jamás lo hubiera hecho acerca de su cuidado. Recientemente me pasé dos tardes enteras agachándome, recogiendo y arrodillándome por todo el jardín infectado de maleza. Junto a mi pequeña herramienta, llené una bolsa de basura de 39 galones con aquella desagradable, espinosa y gruesa peste. La espalda y las piernas me dolían tanto como mis crispadas y heridas manos. Mientras torcía y jalaba las tercas hierbas, sentía rabia hacia los anteriores propietarios de mi casa que obviamente no cuidaron ni fumigaron la maleza y que ahora nosotros no podíamos hacerle frente al costoso presupuesto para eliminarla. Finalmente, cansada de rabiar (en general), mi mente comenzó a divagar a través de mi historia familiar. 

Sí, pensé en mis antepasados. A fin de cuentas, no soy la primera persona en luchar con la maleza. Mi lastimoso césped y toda su basura me hizo recordar del pecado y de sus consecuencias en nuestras vidas. Usted quizás piense que esos dos temas no tienen mucho en común, pero la maleza y el pecado han existido desde el Génesis y nuestro primer antepasado llamado Adán. 

En Génesis 3:17-19, Dios le explica a Adán las consecuencias de su pecado “…Por cuanto le hiciste caso a tu mujer, y comiste del árbol del que te prohibí comer, ¡maldita será la tierra por tu culpa! Con penosos trabajos comerás de ella todos los días de tu vida. La tierra te producirá cardos y espinas, y comerás hierbas silvestres. Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado.” 

Los Duros Pensamientos de Adán 

¿Puede imaginar usted los duros pensamientos que seguramente se cruzaron por la mente de Adán cada vez que limpiaba su jardín? 

El pecado trae consecuencias. Todos sufrimos las consecuencias de nuestros propios pecados y las consecuencias de un mundo pecador, y todos nosotros enfrentaremos la consecuencia final –la muerte. Felizmente, la historia no termina aquí. “Porque la paga del pecado es muerte, pero el don de Dios es vida eterna en Jesucristo nuestro Señor”. Si creemos en Cristo y aceptamos este grandioso regalo, recibiremos la vida eterna en vez de la paga que merecemos. 

Tal vez nunca llegue a tener un jardín hermoso en esta tierra, pero cada vez que me detengo para quitar alguna maleza, ¡espero el día en que con toda seguridad el césped luzca perfecto alrededor de mi mansión celestial! 

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Por Hannah Henry. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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