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Él Cuida de las Aves
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Fotografia: Luis Rock
Jerevien ama a los pájaros. Los quiere tanto que sus mascotas son una varieda de pájaros. Ella tiene tres loros, cinco gorriones y un cardenal rojo intenso llamado Cohete. 

Un día, mientras Jerevien alimentaba sus gorriones, su madre la llamó para que le ayudara a plantar frutas y verduras en su jardín. Jerevien terminó de verter el alpiste en el alimentador de aves y corrió a ayudar a su madre. Con el entusiasmo, Jerevien se olvidó de cerrar la puerta de la jaula de sus mascotas. 

Después de recoger el maíz, los frijoles y las frutas que podía llevar en sus manitas, Jerevien tomó parte de las semillas sobrantes y decidió ir a dárselos a sus gorriones como parte de la merienda. Corrió al interior de su casa y fue directamente donde estaba la jaula. ¡Vio que la puertecita estaba abierta de par en par y que sus gorriones se habían volado! Jerevien estaba frenética. No podía dar crédito a sus ojos. Corrió hacia donde estaba su mamá con lágrimas bañando su rostro y le contó lo que había sucedido. Y como las madres saben exactamente cómo ayudar a las hijas, se arrodillaron en medio del jardín y oraron por sus emplumados amigos. 

Un Rastro de Semillas 

Cuando terminaron de orar, la madre sugirió que Jarevien hiciera un rastro de semillas que se extendiera desde la ventana hasta la puerta de la jaula de los gorriones. La mamá tomó un puñado de semillas y Jerevien hizo lo mismo. Una a una, fueron poniendo las semillitas desde el alféizar hasta la puerta de la jaula. Luego, Jerevien y su madre se sentaron a esperar. Después de casi diez minutos, la niña vio que algo se movía en el cielo. Uno, dos, tres, cuatro de sus pequeños gorrioncitos se llegaron volando raudos hasta el suelo y comenzaron el picoteo. Siguieron el rastro de las semillas que los dirigió hasta su jaula. Pero, ¿dónde estaba el quinto gorrión, el más pequeñito de todos? 

Jerevien comenzó a preocuparse. Cerró la puerta de la jaula para que los demás gorrioncitos estuvieran a salvo y se dispuso a observar por la ventana. Su madre se le acercó y se quedaron mirando el cielo por mucho rato. Luego, oraron nuevamente y siguieron allí, esperando. A Jerevien le pareció una eternidad. 

Finalmente, el ultimo gorrión bajó del cielo batiendo sus alitas, encaramándose en el alféizar. Jerevien y su madre hicieron una oración de agradecimiento a Dios y lo colocaron dentro de la jaula, sano y salvo. 

Durante el culto vespertino, Jerevien y su madre compartieron felices aquella historia con el resto de la familia. Los demás pajaritos también parecían contentos, porque gorjeaban agitando sus alas dentro de la jaula. Tal vez pensaban los mismo que Jerevien. ¡Dios también cuida de las aves más pequeñitas del cielo! 

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Por Danielle N. Quailey, estudiante de honor y escritora independiente de Springfield Gardens, New York. Reimpreso con el permiso de Message Magazine, Marzo/Abril 2007. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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