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Ore Como Nehemías
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Fotografía: MorgueFile
Querido Dios, esto es lo que hoy necesito: 

1. Sana a mi abuela. Está enferma y necesitamos un milagro. 
2. Cuida a mi esposo y ayúdalo a realizar muchas ventas.
3. Dales un gran día a mis hijos. Ayúdalos a escuchar lo que les digo. 
4. Allan alas cosas en la oficina y muéstrales a mis colegas sus errors. 
5. Mi carro está en el mecánico. Por favor, haz que los costos sean mínimos. 

Gracias por tus bendiciones y por ser un Dios tan bueno. Ah, y perdóname por la improbable ocasión cuando pequé recientemente. 

Amén


¿Oración Torcida? 

¿Es esta una oración torcida o no? Se enfoca enteramente en lo que yo pienso que Dios debiera hacer por mí sin reconocer el poder de Dios, sin confesar los pecados ni darle gracias. Mientras este ejemplo exagera la mayoría de nuestras oraciones, problablemente acierta más de lo que quisiéramos admitir. ¿Con qué frecuencia venimos ante Dios con nuestra lista de deseos y nociones preconvebidas acerca de cómo Dios nos debe responder? ¿Cómo cambiarían nuestras oraciones si nos enfocáramos primero en Dios, en vez de en nosotros mismos? 

La oración de Nehemías registrada en Nehemías 1:5-11 es una inspiración para mí. Comienza reconociendo el poder de Dios y alabándolo. “Señor, Dios del cielo, grande y temible, que cumples el pacto y eres fiel con los que tea man y obedecen tus mandamientos” (v. 5). En los versículos 6 y 7, confiesa los pecados de los israelitas. El pecado nos separa de Dios, y para mantener los canales de comunicación abiertos, debemos admitir nuestros defectos (Isaías 59:2). Nehemías utiliza los versículos 8-10 reclamando las promesas de Dios para la restauración de Israel. Finalmente, el el ultimo versículo de su oración, le ruega a Dios por el éxito de su conversación con el rey al solicitarle permiso para volvera a Jerusalén y ayudar a los israelitas. 

Al procurar imitar el ejemplo de Nehemías con mis propias oraciones, intuyo una gran diferencia acerca de mi actitud. Cuando reconozco a Dios como mi Creador y Su soberanía sobre el universo, cambia mi perspectiva. Recuerdo que Dios está en control, que Dios me creó y que Dios sabe lo que es mejor para mí. Con esto en mente, asumo con mayor naturalidad el enfoque de “que se haga Tu voluntad” el resto de mi oración. La confesión me humilla. Me hace recordar que soy imperfecta y me deja asombrada de la gracia y el perdón de Dios. Me alivia, además, del fastidio de mi conciencia culpable al quitar todas las barreras que hay entre Dios y yo. Repitiendo las promesas de Dios que al principio parecen injustificadas (a fin de cuentas, Dios y alas conoce), descubro que aumenta mi fe al recordar todo lo que Dios intenta hacer por mí. 

Finalmente, con mi actitud de oración ajustada, estoy lista para presentar mis peticiones a Dios. De algún modo, ahora salen de mi boca con humildad, con fe y con la confianza de que no importa lo que suceda, los planes de Dios suplantan los míos. 

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Por Hannah Henry. Derechos © 2007 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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