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Comparta el Pan
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Fotografía: Kevin Connors
Pan, “un asunto de vida” en su forma básica, es harina, agua y levadura. Pero no puedo pensar en algo que huela mejor que un pan recién horneado. 

Tenemos una gran variedad de panes en nuestro territorio, pero en muchos lugares hay miles de personas que tienen hambre, que carecen de pan. 

Vivimos en un planeta donde las personas no sólo mueren de hambre deseando el pan físico, sino que también mueren de hambre espiritual porque carecen del pan celestial. 

Cada uno de los evangelios nos ofrece una historia de Jesús y del pan. De acuerdo con Mateo 14, luego de enterarse que Juan había muerto, Jesús desea estar solo. Pero la multitud lo sigue. Cuando Cristo vio la multitud, “fue movido a compasión”. No los desilusionó. Curó a los enfermos y alimentó a los demás con el milagro de los cinco panes y los dos peces. 

Suficiente para Todos 

En el versículo 19, la palabra “dió” denota continuidad de la dádiva. El milagro ocurrió mientras el pan estuvo en las manos de Jesús. Mientras hubo necesidad, el pan seguía multiplicándose en sus manos y en las manos de los discípulos, llegando al corazón de Cristo, que nunca está vacío. Hubo pan suficiente para todos. Nosotros también podemos ser el canal de comunicación entre Cristo y las personas necesitadas de su Palabra. 

Hoy, Jesús tiene en sus manos un pan muy especial. Es su Palabra, y nos la ofrece a todos nosotros. Él nos pide que la tomemos y la distribuyamos entre aquellos que tienen hambre del Pan de Vida. 

El pan, que es el evangelio mismo en forma simplificada, puede ser un versículo de consuelo de la Biblia para un corazón doliente; una historia de Jesús para un niño; un molde de pan para alguien que tiene hambre. Jesús nos dice, “comparte el pan”. 

Somos hijos de Dios, herederos y coherederos con Cristo. Tenemos el privilegio de recibir el pan de parte de Jesús. Lo tomamos en nuestras manos mientras nos alimentamos diariamente de la Palabra. Podemos decir con Jeremías: “Al encontrarme con tus palabras, yo las devoraba; ellas eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque yo llevo tu nombre, Señor, Dios Todopoderoso” (Jeremías 15:16). 

Solamente podemos dar de la forma en que recibimos. Pero mientras damos, seguimos recibiendo. Dios nos pide, “¡vayan y cuéntenles las buenas noticias a todos! “Su mandato es una promesa y detrás de ella está el mismo poder que alimentó a la multitud a la orilla del mar.”1

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Por Ione Richardson con Marge Ringering. Derechos © 2007 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999. 

1 White, Elena. "El Deseado de Todas las Gentes", p. 369.


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