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Cómo me Habla Dios
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Fotografía: MorgueFile
Cuando era una niña, había momentos en que le pedía a Dios que me hablara a través del trueno y una voz resonante. En ese tiempo no entendía por qué Dios no hablaba conmigo de esa manera. Incluso, durante mis años en la escuela superior, luchaba constantemente acerca de cómo escuchar la voz de Dios. Recuerdo haber llorado a veces porque pensaba que a Él no le importaba debido a que no podía escuchar Su voz. 

Al crecer, sentí como si hubiera conseguido conocer mejor a Dios y cambié mi manera de ser infantil y egoísta que demandaba la forma en que Dios debía hablarme buscando en su lugar la verdadera. 

Decidí escribir un diario de oración para anotar mis momentos pasados con Él. Soy de aquellas personas que necesitan ver las cosas que les suceden. A través de lo que escribía comencé a ver mis pedidos y a agradecerle en las líneas de cada página. Empecé a sentirme agobiada con todas aquellas equivocaciones de mi vida y nada pareció cambiar con mis oraciones. Nuevamente comencé a tener esas ideas infantiles en cuanto a Dios. Y lo custioné: “¿Por qué no contestas mis oraciones cuando dices que todo lo que tenemos que hacer es venir a Ti en humilde oración?” Había días en que no escribía nada en mi diario porque pensaba que realmente yo no le importaba. 

Leyendo Algunas Anotaciones Antigüas 

Entonces un día decidí abrir mi diario de oración y leer algunas anotaciones antigüas. Y lo que vi no sólo me impactó sino que cambió mi visión y la relación que tenía con Cristo. Al ir dando vueltas las páginas y leyendo mis oraciones, vi que todas y cada una de ellas había sido contestada. Puede que no lo hayan sido de la manera que lo pensé o lo habría deseado, pero sin embargo fue así y me dí cuenta que Dios manejó mejor que yo cada pedido que le hice. ¿Cómo pude dudar tanto y ser tan egoísta? Me di cuenta que había estado demasiado ocupada para darme cuenta que Dios estaba tratando de hablarme y decirme que me había escuchado. 

Desde aquel incidente mi fe ha crecido y he aprendido a creer aún cuando no pueda ver, tocar, ni sentir a Dios físicamente. A veces lo escucho hablando conmigo a través de la música, de otras personas, de la naturaleza y, definitivamente, a través de mi diario de oración. También he llegado a comprender que Dios no mueve una varita mágica sobre nuestras cabezas y nos otorga cada uno de nuestros deseos simplemente porque se lo pedimos. A veces Él contesta las oraciones y pedidos de la manera que Él cree mejor, aunque no lo entendamos así. Y otras veces no nos contesta enseguida. He aprendido a ser más paciente y diligente en las oraciones que hago. Dios nos habla a todos de diferentes formas. Creo que debemos aprender a detectar cómo lo escuchamos o seguiremos comportándonos como un niño egoísta, tan consumidos por nuestras propias necesidades que no podemos oir Su suave voz. 

“Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios” (Salmos 46:10). 

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Por Erika Gladden. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 2002.


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