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Paciencia al Criar Niños
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Fotografía: MorgueFile
Nunca aprecié apropiadamente la increíble paciencia de Dios hasta que hace algunos años ingresé a la crianza de niños. Ahora, sumida entre pañales y “los terribles dos” (una condición que perdura hasta bien pasado el tercer cumpleaños del niño –por lo menos en mi hogar), lucho por mantener la calma y recuperar a la persona tranquila que solía ser.

Por favor, quiero que comprenda que la mayoría del tiempo mis hijos (de entre 2 y 4 años de edad) se comportan decentemente; meramente actúan como niños de su edad. Las pequeñas mañitas de estos preciosos preescolares no me hacen explotar. Aunque frecuentemente estoy casi a punto. ¿Por qué? Primero que nada gasto mucha parte de mi tiempo y energía repitiendo mensajes, vez tras vez. Los períodos cortos de atención y distracción aparentemente amortajan mis instrucciones. Luego, cuando por fin los niños me escuchan, la obediencia cae dentro de la categoría “opcional”, lo que me lleva a mi segundo terreno parental. Desdeño la desobediencia, especialmente cuando es intencional y hacen lo que les digo que no hagan –y cuando lo hacen más de una vez. ¿Necesito decir más? No. Si usted es padre, sabe de lo que estoy hablando. 

Hijos de Dios 

Al principio justificaba mis lapsos de paciencia. Razonaba que tal vez las cosas que me volvían loca estaban situadas en los primeros lugares en la escala de molestias para justificar uno o dos arrebatos de vez en cuando. Entonces me di cuenta de algo: No soy la única madre que se exaspera con sus hijos. Mi Biblia me dice que Dios cada día reclama por cada uno de nosotros. 2 Corintios 6:18 dice: “Yo seré un padre para ustedes, y ustedes serán mis hijos y mis hijas, dice el Señor Todopoderoso.” Con una población mundial de 6.5 billones de habitantes, hay un montón de hijos comportándose mal –y yo soy una de ellos. 

Cuando mis hijos colman mi paciencia, trato de recordar que yo también cometo los mismos errores. A veces fallo en escuchar y responder a la primera vez en que Dios me dice algo, incluso a través del Espíritu Santo y de la Biblia. Generalmente trato de seguir los mandatos de Dios, pero fracaso en obedecer en forma perfecta. A menudo pierdo el enfoque y mi mente divaga cada vez que hablo con Dios. Debo admitir, avergonzada, que rezongo y que me quejo cuando mis planes difieren con los de Dios. 

¡Gracias por la paciencia que Él tiene conmigo! 

Dios nos provee el modelo perfecto de crianza, disciplinándonos y entrenándonos con paciencia inagotable cada vez que es necesario para nuestro crecimiento y en cada uno de nuestros tropiezos diarios. 

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Por Hannah Henry. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 2002.


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