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Visible -vs- Invisible
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Fotografía: Brian Garvey
Me considero una mujer privilegiada al poder quedarme en casa y criar a mis dos hijos en edad preescolar. El único inconveniente es que esta decisión nos coloca en el casillero de “una familia de escazos recursos”. Dios nos bendice enormemente, pero vivimos modestamente –cómodamente, pero en forma sencilla. 

Aunque adoro la vida que llevo, admito que a veces siento la punzada de la envidia con respecto a mis amigas cuyo césped luce un poco más verde que el mío. Quizás la casa de ellas tengan más terreno y esté mejor terminada que la mía del año 1980. Tal vez ellas conduzcan un coche más nuevo y con menos millaje que mi pequeño minivan. Posiblemente, ellas hayan escalado el escalafón de sus carreras en forma más rápida que yo y poseen un impresionante resumè y un sueldo magnífico. O tal vez sean personas hermosas –usted me entiende, como aquellas amigas que no han envejecido nada desde que salieron de la Universidad. 

Cosas Materiales 

Por favor, comprenda que yo no pienso que sea intrínsicamente injusto poseer cosas materiales o esforzarse por tener una buena apariencia personal. Esos logros tienen su tiempo y su lugar. El problema surge cuando la persona prioriza las cosas de este mundo por aquellas que tienen valor eterno. 

Me gusta la forma en que el apóstol Pablo lo explica en 2 Corintios. Él dice: “Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras lo que no se ve es eterno” (2 Corintios 4:18). Para mí, este versículo nos proporciona una hermosa forma de darnos cuenta de cómo estamos realmente. Cuando me encuentro deseando algo que no tengo y obsesionándome por lo que poseo, simplemente le otorgo el valor que no tiene al dicho de Pablo: “visible –vs- invisible”. Si el objeto de lo que deseo es algo que mi ojo captura de forma inmediata o que despierta mis sentidos, es como caer en la categoría de “lo visible”. Aún más, si ese objeto se perdiera, fuera destruído o, deshechado, lo denominaríamos como “temporario”. Tales cosas, según Pablo, no merecen la fijación de nuestra mirada ni de nuestros corazones. 

¿Dónde deberíamos enfocar nuestra atención? Ante todo, en Jesús. Con Él como nuestro foco principal, colocamos un valor más alto a las cosas “invisibles”. Atributos como el amor, la alegría, la paz, la paciencia, la fidelidad, la bondad, la gentileza y el autocontrol (Gálatas 5:22), nos ayudan a sacar de nuestra lista de prioridades las cosas materiales. Verdaderamente, estas cualidades, aunque no sean chillonas ni obvias, son las que perduran para siempre. Mientras nos esforzamos por construir “lo invisible” en nuestras vidas, deberíamos atesorar en el cielo aquello que tiene más valor (Mateo 6:20). 

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Por Hannah Henry. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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