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La Moneda Perdida
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Foto: George W. Reither III
El sentimiento de pánico comenzó tan pronto abrí los ojos. ¿Cuándo fue la última vez que vi mi billetera? Palpando mi gigantesco bolso, esperé que la billetera estuviera escondida en el fondo, donde tengo algunos artículos sin los cuales no podría vivir: el estuche del maquillaje, mi lamparita portátil para leer, un calendario, una muestra de alfombra, una muestra de cubrecama, un libro, la cinta de medir, etc. Pero no estaba ahí. 

Todavía en pijama, me puse un abrigo encaminándome hacia el carro con la esperanza de encontrarla. Miré debajo de los asientos una y otra vez, sin ningún resultado. Una llamada telefónica a la farmacia Walgreens tampoco me ayudó –era el último lugar donde yo había estado el día anterior. Hablé con el gerente que trabaja por las mañanas y me dijo que no se había encontrado ninguna billetera en el local. Le pedí que mirara otra vez y regresó diciéndome nuevamente que no había encontrado nada. Seguí orando sin parar.
 
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Después de una rápida ducha, me vestí apresuradamente y me apliqué un suave toque de maquillaje. Con mi certificado de nacimiento y mi pasaporte en la mano, me dispuse a ir al banco y al DMV (Departamento de Vehículos Motorizados) y así comenzar el proceso para restaurar nuevamente mi crédito y obtener mi licencia de conducir. En el camino, decidí pasar a Walgreens, y ver qué sucedía, porque yo seguía orando por ello. En persona y casi al borde de las lágrimas, le pedí al gerente de la farmacia que nuevamente verificara si había aparecido algo. Lo hizo y al momento regresó con mi billetera. 

Para entonces ya lloraba en serio, y le agradecía repetidamente al gerente por su buena disposición para ayudarme. Saliendo de la farmacia, terminé expresándole a tres o cuatro personas más lo agradecida que estaba de que hubiera una persona tan honesta que devolviera mi billetera. 

Jesús contó una historia acerca de una moneda perdida. La mujer de la historia tenía 10 monedas y se le había perdido una –el valor era del sueldo de un día. Buscó y buscó, barriendo aquí y allá hasta que la encontró. Se sentía tan feliz que tuvo que compartir esa experiencia con todas sus amigas. 

En este caso, no tiene que ver con el dinero. Jesús recalcó el hecho de comparar la moneda perdida con el arrepentimiento. Yo no sé exactamente cómo se sentía la mujer cuando perdió su moneda, pero sé la experiencia devastadora que experimenté al perder mi billetera y la alegría desbordante que sentí cuando la recuperé. “Les digo que así mismo se alegra Dios con sus ángeles por un pecador que se arrepiente” (Lucas 15:10). 

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Por Dee Litten Reed. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 2002.


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