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Bendecido y Culpable
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Fotografía: MorgueFile
Créalo o no, algunas personas sólo han tenido que sobrepasar algunas pruebas significativas en su vida y se ven a sí mismas tan bendecidas por Dios, ¡que se sienten sumamente culpables!

Estas personas han trabajado duro y han hecho buenas decisiones y ahora gozan de la recompensa. Son personas saludables, tienen relaciones sólidas, sus finanzas están bien, son generosas con lo que poseen y disfrutan de la vida. Pero debido a que gozaron de la compasión de Cristo, es difícil para ellas mirar a a su alrededor y ver a otras personas bombardeadas, vez tras vez, con situaciones nefastas. Ahí es donde entra en acción la culpa.

Tal vez usted se ría y diga: “Estoy listo para sentir ese tipo de culpa”. Pero permítame dejar en claro algo. Dios está interesado en nuestra felicidad no en nuestra miseria. Él está del lado de la alegría.

El Salmo 4 nos dice que “la santidad pertenece a Dios”. Él envía la luz de Su rostro sobre nosotros. Él es quien alivia nuestras tribulaciones y permite que nos acostemos a dormir confiados. ¿Es éste el Dios que usted conoce? Si no es así, ¿es éste el Dios que le gustaría conocer?

He aquí otra promesa: “Como palmeras florecen los justos; como cedros del Líbano crecen. Plantados en la casa del Señor, florecen en los atrios de nuestro Dios. Aun en su vejez, darán fruto; siempre estarán vigorosos y lozanos” (Salmo 92:12-14, versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999).

En tiempos antigüos, un hombre llamado Jabez observó el mundo que lo rodeaba y no le gustó lo que vió. Demasiada aflicción, muchos problemas. Estaba tan dolido que su propio nombre quería decir “pena y dolor”. De modo que clamó al Señor: “Bendíceme y ensancha mi territorio; ayúdame y líbrame del mal, para que no padezca aflicción”. ¡Qué oración! Debería sentirse culpable por orar de esa manera, ¿no es cierto? Pero observe el remate de la historia: “Y Dios le concedió su petición” (ver 1 Crónicas 4:9-10, NVI).

Juan testifica: “De su plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia” (Juan 1:16). Juan le escribe lo siguiente a un amigo: “Oro para que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud, así como prosperas espiritualmente” (3 Juan 2). Esta es una oración apropiada. Podemos pedirle a Dios que nos dé buenos momentos, éxito, una bendición tras otra y no sentirnos culpables por ello.

El Evangelio de la Prosperidad

Es cierto que debemos evitar el “evangelio de la prosperidad”. La creencia de que algunos cristianos merecen la riqueza y el éxito, es como si se tratara de la bendición de Dios tergiversada para evitar el dolor terrenal. Es creer, equivocadamente, que tenemos el derecho de amontonar riquezas solamente para nuestra comodidad y que dichas bendiciones nos colocan un poco más alto que aquellos que sufren y son pobres. La palabra de Dios condena tal creencia.

Jabez no oró solamente para liberarse del dolor. Él oró para que “la mano de Dios” lo acompañara, de manera que al extenderse su influencia, él pudiera convertirse en la mano de Dios como una sana bendición para el mundo. Jesús indicó muy bien el principio de ser “Su mano”: “Lo que ustedes recibieron gratis, denlo gratuitamente” (Mateo 10:8, NVI).

El rey David saboreó tiempos prósperos: “Tú, Señor, eres mi porción y mi copa; eres tú quien ha afirmado mi suerte. Bellos lugares me han tocado en suerte; ¡preciosa herencia me ha correspondido!” (Salmo 16:5-6, NVI). Aquí no aparece ningún signo de culpa, sólo un corazón lleno de alegría por las bendiciones de Dios y el ansia de compartir sus bendiciones en servicio al prójimo.

¿Desea, usted, el favor extremo de Dios en su vida? “Si en mi corazón hubiera yo abrigado maldad, el Señor no me habría escuchado” (Salmo 66:18, NVI). Dios no puede bendecir el mal y el descuido continuado, aunque Su misericordia y paciencia son asombrosas. Si usted desea salud abundante, por ejemplo, ¡quizás necesite levantarse del sofá! Pídale a Dios que le muestre las cosas que necesita cambiar en su vida, para que usted no se restrinja de las bendiciones del cielo.

Y cuando Su favor lo acoja, no hay necesidad de estropearlo con la culpa.

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Por Ed Gallagher. Reimpresa con el permiso de Mid-America Outlook Magazine, Vol. 28, #2. Derechos © 2007 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a  pautas de uso.


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