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Deme Su Pastel
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Fotographia: Hemera
¿Es bueno ser agresivamente ambicioso en el cristianismo? ¿Querer ser el quinto tipo en la parábola de Jesús registrada en Mateo 25? ¿Desear ser Jabez, con la oración más famosa y que se encuentra en 1 Crónicas 4:10? “Bendíceme y dame un territorio muy grande; ayúdame y líbrame de todo mal y sufrimiento”. Deme un portafolio más grande; déjeme ser el presidente; no el vicepresidente. Por favor, póngame a cargo de algo interesante.

En la iglesia donde soy pastor, no veo demasiadas evidencias de una ambición desenfrenada y de una sed de poder. De hecho, esto me recuerda a una tira cómica donde un grupo de padres se gritan entre ellos: “¡Me toca a mí dirijir Jardín de Infantes!” “¡Oh, no, usted lo hizo el año pasado!” “¡No! ¡Yo quiero hacerlo! ¡No, yo, yo!” Y el título de la tira cómica dice: “La vida en un universo paralelo”. Pero, ¿está bien desear cinco talentos y luego trabajar duro para convertirlos en diez? ¿Y sentirnos contentos cuando el señor nos haga gobernadores de más de diez cuidades?

Sed de Influencia

Durante el gobierno de Clinton, un consultor llamado Dick Morris aconsejó calladamente al Presidente y lo ayudó a ganar su reelección. Luego, el hombre entró en un período de poder descontrolado; comenzó a esquematizar y a ganar más terreno. Se jactaba ante sus amigos de ser el “jefe del gabinete functional de la Casa Blanca”. Escribía discursos y los enviaba por fax hasta al Presidente de la Fuerza Aérea. La mayoría de las personas en la Casa Blanca se detenían y husmeaban entre ellos, diciendo: “¿Quién es este tipo?” Si intentaban cortar su acceso, él establecía “otro canal” y saldría adelante con sus ideas a través de la Oficina Oval. Sus ideas acerca de inventos para mascotas, llegaron desde los mensajes de Estado de la Unión, hasta la legislación. Tenía más poder que el personal de la Casa Blanca, el Gabinete y el conjunto de jefes del estado mayor. Tenía sed de influencia y de posición. Deseaba gobernar el mundo desde bastidores, utilizando al Presidente como su títere personal.

¿Es malo que nosotros tengamos esta clase de ambición? En esta fascinante parábola, Jesús habla acerca de un hombre que es felicitado por mostrar pura iniciativa. “¡Excelente! Eres un empleado bueno y se puede confiar en ti. Ya que cuidaste bien lo poco que te di, ahora voy a encargarte cosas más importantes. Vamos a celebrarlo” (v. 21). Está bien que busquemos avanzar en el propósito de servicio que le traiga gloria a Dios y a su reino, no a nosotros mismos.

Alguien realizó una vez un diálogo de preguntas y respuestas con C.S. Lewis acerca de la ambición y el avanzar agresivamente en busca de poder. ¿Deben hombres y mujeres uniformados, desear avanzar en su carrera y esperar que los promuevan? “¿Es correcto ser un General, pero si la ambición es serlo, está bien que lo sea? Respuesta: “El mero hecho de llegar a ser General no es bueno ni es malo en sí mismo. Lo que importa es la actitud moral que se tenga. El hombre puede pensar ganar una Guerra, puede desear ser un General porque piensa honestamente que tiene un buen plan y estaría contento de poder llevarlo a cabo. Eso está bien. Pero si él está pensando: “¿Qué puedo obtener de este trabajo? O, ¿qué puedo hacer para salir en la portada del Illustrated News? Entonces sí que está mal. Llamamos “ambición” al deseo de ser más visibles o exitosos que los demás”.

Dios nos invita a atrevernos a realizar grandes cosas con el propósito de construir este hogar que nosotros denominamos la iglesia cristiana.

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Por David Smith. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión TRADUCCION EN LENGUAJE ACTUAL ® 2002.


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