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La Sala de Espera
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Fotographia: Julia Freeman-Woolpert
En mayo de 2002, debí mudarme de mi apartamento del campus de la Universidad de Andrews donde acababa de graduarme. Anticipándome para pasar una breve temporada en Dallas, guardé mis artículos más pequeños ordenadamente empacados en una barraca de almacenamiento. Sin embargo, no tuve ni la fuerza ni un vehículo adecuado para llevar mis artículos más grandes como muebles o cosas por el estilo.

El día en que debía desocupar el departamento, estuve con el auricular del teléfono pegado en la oreja durante horas tratando de encontrar a alguien que me ayudara. Pero nadie estaba disponible. Mientras pasaba el día, me preguntaba por qué Dios no me ayudaba.

Finalmente alrededor de las 6 de la tarde, dos chicos de 19 años de edad llegaron hasta el parqueo en Garland Apartments con una camioneta y un remolque. Para mi placer, todas mis pertenencias terrenales fueron removidas y trasladadas en menos de una hora hasta la barraca de almacenamiento.

Esperando Hasta el Último Minuto

Contándole al día siguiente esta historia a un amigo, sabiamente comentó: “Dios siempre llega. El problema es que siempre espera hasta el último minuto!” Esta frase humorística recalca el hecho de que el tiempo de actuar de Dios no es el mismo que el nuestro. Diciéndolo de otra forma: “El cumplimiento de las promesas de Dios es siempre seguro, aunque a menudo sea lento” –Matthew Henry.

¿Por qué es así? ¿Es Dios un moroso crónico, que espera hasta el último minuto para organizarse como algunos de nosotros? ¿O es que el Todopoderoso demora las respuestas a nuestras oraciones por alguna otra razón? (¿razones?)

Abraham y Sara esperaron 25 años del tiempo de Dios para ver cumplida la promesa de tener a Isaac, su hijo. Durante ese largo cuarto de siglo, su fe fue probada y su paciencia ejercitada. Cuando finalmente llegó su precioso hijo, ¡para todos era obvio que se trataba de un milagro, ya que Sara estaba con síntomas de menopausia!

Quizás usted ha estado esperando semanas, meses, incluso años, para que Dios conteste alguna oración. Descanse confiado, el Creador ha escuchado su súplica y ha tomado nota de su devoción. La respuesta llegará –¡justo en el momento preciso! Hasta entonces, siga orando, persevere y confíe en que el tiempo del Señor siempre es perfecto.

“Puse en el Señor toda mi esperanza; él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor” (Salmos 40:1).

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Por Kathy A. Lewis. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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