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Ayudando a los Desamparados
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Foto: Leroy Skalstad
Era el verano de 1998, en San José de California, cuando entré en aquel lujoso hotel. Al salir del elevador, tropecé con la afelpada alfombra. Palpando con mis dedos suavemente la textura del papel de las paredes, avancé por el pasillo, pasando por el salón de cocktail débilmente alumbrado. El sonido del chocar de las copas y las risas entusiastas flotaba en el ambiente, al mismo tiempo que mi nariz lograba atrapar el aroma suculento proveniente de uno de los restaurantes del hotel.

Cuando llegué a la habitación 249, deslicé la tarjeta plástica de acceso por la cerradura de la puerta, destellando una luz verde. Entré al cuarto. O, debo decir, a mi suite. Mis ojos captaron rápidamente la elegancia del lugar. Quiero decir, ¡ofrecía todos los servicios! Pero lo que más me gustó fue el pequeño refrigerador lleno de golosinas.

Feliz, tiré mi maleta en la cama y me fui derechito hacia los elevadores y después hacia las grandes puertas de roble con incrustaciones doradas a la entrada del hotel. Tuve que utilizar mis dos manos para lograr mover esos tremendos troncos de árbol. Ya en la acera, el sol tibio de California me cegó momentáneamente.

Y entonces, los vi –a no más de 50 pies de distancia de mi hotel de primera, había un grupo de desamparados en un parque, hombres y mujeres en las diferentes poses que tiene la necesidad. Algunos, encendiendo cigarillos, otros pidiendo dinero a los transeúntes y unos pocos recostados en las bancas del parque o sobre el césped, en diferentes estados de conciencia. Había muchos carros de compras, llenos de cubrecamas enrolladas o bolsas plásticas llenas de ropa vieja y otras pertenencias.

Durante mi estadía de cuatro días en aquel hotel, no podía dejar de pensar en los desamparados. ¿Cómo podía ser que la miseria más absoluta, que aquella desesperanza más completa, cohabitara con el despilfarro más fastuoso? ¿Cómo era posible que hubiera 50 personas sin alimentos sobre las bancas de un parque cada noche mientras a unos pocos pies otras personas bebieran y disfrutaran de suntuosos banquetes y luego reposaran sobre pulcras sábanas durante la noche?

Un estudio reciente de la HUD descubrió a 745.000 desamparados en una sola noche de enero de 2005 en Norteamérica. El 25% de ellos eran niños y el 24% de los que vivían en refugios eran dispacacitados.

Tal vez usted se pregunte como yo, ¿qué podemos hacer para ayudar? Es claro lo que dice Mateo acerca de lo que espera Jesús que nosotros hagamos: alimentar al hambriento, vestir al desnudo y darle de beber al sediento. Pero, ¿cómo hacerlo en la fracción de segundos que tenemos cuando vemos a un desamparado con un cartel en una intersección, esperando que el semáforo encienda la luz verde para doblar?

Planificar por Adelantado

¡La respuesta es planificar por adelantado! Si usted desea ayudar, mantenga algunos artículos en su vehículo, listos para ser alcanzados en momentos como éstos:

  • Tarjetas de regalo de restaurantes de comida rápida sobre la consola, le proporcionará comida caliente a uno de ellos.
  • Botellas de agua fría podrán salvar una vida durante los días calurosos.
  • Pares de calcetines económicos para hombres son un regalo maravilloso.
  • Alimentos no perecibles también pueden mantenerse en su carro pero, recuerde, el desamparado tal vez no tenga un abrelatas a mano.

Como ayuda a largo plazo, considere ropa, zapatos, artículos personales como champú, jabón y pasta dentrífica. En forma periódica, lleve estos artículos a un asilo o refugio cercano donde también podrá proveerles de comida a los que están en la calle.

El desamparo es un problema social complejo sin respuesta fácil. Pero piense acerca de lo que usted quiere y puede hacer. Y, luego, hágalo.

“Yo, el Rey, les diré: Lo que ustedes hicieron para ayudar a una de las personas menos importantes de este mundo, a quienes yo considero como hermanos, es como si me lo hubieran hecho a mí” (Mateo 25:40).

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Por Kathy A. Lewis.  Derechos © 2007 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión TRADUCCION EN LENGUAJE ACTUAL © 2002.



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