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Sin Derecho a Golpear
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Fotographia: Dawn Allyn
Años atrás, una mujer llegó hasta nuestra puerta pidiendo utilizar el teléfono. Uno de sus ojos estaba morado y partes de su rostro mostraban magulladuras descoloridas por el paso de los días. Su mandíbula mostraba huellas de golpes más frescos. Había sido maltratada por su marido.

La invitamos a entrar. Mi esposa le puso compresas de hielo sobre sus magulladuras. Nos explicó que le había desobedecido a su esposo, de manera que el tenía todo el derecho de golpearla –porque así lo decía Biblia. La joven mujer hacía mención de un pasaje del libro de Efesios, donde Pablo habla del matrimonio. Puede haber maltrado como justificación por abuso conyugal. ¿No dice Pablo que las esposas deben obedecer a sus maridos? Bueno, no. Pablo dice “así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” Una vez casada, la esposa ya no es una persona independiente, sino que debe actuar en coparticipación con el esposo. Incluso, dice que la esposa debe estar “sujeta a”, no ser “obediente a”.

La diferencia es importate. Estamos bajo las leyes del país en que vivimos, pero pocos se sienten obligados a obedecer ciegamente esas leyes. En diferentes momentos y lugares nuestros deberes cristianos nos han llevado a desobedecer voluntariamente las leyes –tal como cuando la Unión Soviética declaró culpables a los cristianos.

Una esposa que esté sujeta a su marido no debe obedecerle ciegamente. Su deber cristiano puede hacerla desobedecer en ciertas ocasiones y aceptar voluntariamente las consecuencias de ello. Pero esas consecuencias no deben incluir los golpes.

Ame a su Esposa como Se Ama a Sí Mismo

En la misma carta a los Efesios, Pablo declara lo siguiente en Efesios 5:28-29: “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida…”

Si usted ama a su esposa como a usted mismo, usted no puede golpearla –a menos que usted se castigue físicamente cuando fracasa en lograr una meta que se ha impuesto a sí mismo. Sería un loco si se diera un puñetazo en la cara porque no alcanzó a cortar la hierba, como prometió que lo haría. Tal vez usted le pague a alguien para que la corte, pero no se autoinflingiría golpes.

Eso también se aplica a las esposas. La esposa no debe golpear a su marido. Una quinta parte del abuso conyugal físico es cometido por mujeres.

Estar casado es difícil. Un buen matrimonio requiere que dos personas subordinen sus deseos personales para beneficio de un todo. Existen conflictos, pero que haya conflictos es parte de la salud matrimonial. Las mejores decisiones provienen luego de un debate abierto. Se consideran los asuntos en juego. Cuatro ojos ven más que dos. Pero el conflicto no debe degenerar en la fuerza física.

Mi cuñada una vez le hizo preguntas a mi hermano mayor relacionadas a este tema: “Los adultos no se golpean entre ellos para llegar a un acuerdo,” dijo él, “y los hombres no deben golpear a sus mujeres.” Le dijimos a nuestra visitante que llamara a su padre, no a su esposo. La convencimos de hablar con su pastor acerca del abuso que estaba enfrentando.

Nunca más la vimos. Siempre me pregunto cómo estará.

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Por Mark N. Lardas. Derechos 2007, Mark N. Lardas. Derechos © 2007 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA-VALERA © 1996.


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