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Haciendo la Cimarra
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Foto: Marcelo Mokrejs
Siendo niño, ¿hizo usted alguna vez la cimarra (playing hookey)? Durante mis años de escuela primaria empleé un método para eludir las clases con la cooperación, sin ella saberlo, de mi madre. Durante la mañana de un día en particular en que quise quedarme en casa, me colgué en posición inversa del camarote de mi cuarto durante 5 minutos para lograr que toda la sangre se me fuera a la cabeza. Luego, metiéndome en la cama, llamé a mi madre y fingí estar enferma. Viendo mi cara enrojecida y para mi alegría, ¡estuvo de acuerdo en que no fuera a la escuela!

Según un artículo que leí en el internet, los niños no son los únicos que hacen la cimarra. CarreerBuilder.com realizó una investigación en 2005 que reveló que un 43% de las personas avisan por lo menos un día a sus trabajos que están enfermos cuando en realidad se sienten perfectamente bien. Durante el año 2006, el 32 % confesó que hacía uso de esta práctica.

Excusas Falsas

Más del 40% de los gerentes admitieron que han recibido coartadas inusuales y sospechosas de empleados “enfermos por un día”. Lo siguiente es tan solo una muestra de las excusas falsas que ellos recuerdan:

1. El perro se tragó el pase del autobús del empleado. ?

2. Los caballos que pertenecen al empleado se escaparon del corral y corrían por la carretera.

3. La espalda del empleado se dislocó debido a que se sonó la nariz demasiado fuerte.

4. Un caso severo de hipo no permite que el empleado pueda ir a trabajar.

5. No tiene un uniforme que ponerse debido a que entró una mofeta a su casa y mojó toda su ropa.

6. La suegra del empleado le dio de comer algo que lo enfermó.

7. El empleado quedó encerrado en un baño público y no podía salir.?

8. El empleado estaba hebrio, se cayó del techo de su casa y se quebró una pierna.

Cuando se les preguntó a los empleados las razones de sus ausencias al trabajo, algunos confesaron citas con el doctor, trámites personales, tareas domésticas y asuntos familiares. Pero la gran motivación para llamar diciendo que estaban enfermos, era el descanso y la relajación. El 24% de ellos admitió que deseaba ponerse al día con su sueño, mientras que casi el 50% expresó que sólo necesitaba relajarse. En otras palabras, los empleados se sentían cansados y que trabajaban demasiado; ¡necesitaban un día libre para su salud mental!

Para muchos de nosotros la vida es una serie de conmutaciones, trabajo, tareas domésticas, obligaciones, arreglos en el patio, lavado de ropa, ir de compras y pagar cuentas, con unas pocas horas de televisión. ¡El ritmo de vida es agotador!

Pero, gracias a Dios hay una salida. El Todopoderoso nos dio un ejemplo de lo que se debe hacer en cuanto a nuestros frenéticos estilos de vida. Luego de crear los cielos y la tierra, las plantas y los árboles, los peces, las aves, los animales y al ser humano en seis días, ¡Dios apartó un día para descansar!

Dios descansó el séptimo día de todo el trabajo realizado. Dios bendijo el séptimo día y lo declaró día santo. Dios nos lo dio como un regalo –como un permiso para “hacer la cimarra” (playing hookey) cada siete días –para descansar, relajarse y recargar nuestras baterías. Pruébelo esta semana y experimente la inmensa bendición del séptimo día, el día sábado.

“Al llegar el séptimo día, Dios descansó porque había terminado la obra que había emprendido. Dios bendijo el séptimo día, y lo santificó, porque en ese día descansó de toda su obra creadora” (Génesis 2:2,3).

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Por Kathy A. Lewis. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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