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Hacerse a un Lado
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Fotografía: MorgueFile
Mi padre se está muriendo. Ha sufrido de hepatitis C durante años, y todos sabemos que sólo es cuestión de tiempo. He permanecido a su lado noche y día en aquel cuarto de hospital durante los últimos días. Tuvimos buenas conversaciones y, por primera vez, realmente escuché lo que me decía.

En un punto de la conversación, noté que había lágrimas en sus ojos y supe que lo que iba a decir era significativo.

“¿Qué pasa, papá?”

“¿Por qué dejaron de pedirme que tocara el violín en la iglesia? ¿Es porque piensan que no lo tocaba suficientemente bién?”

Su pregunta me sorprendió. ¿Es algo que una persona de 81 años de edad piensa en su lecho de muerte? De acuerdo, mi padre y yo éramos demasiado similares en nuestras personalidades y la melancolía es un rasgo difícil de esconder. De hecho, cuando fui editora de una revista, solía decirle al personal que por favor me recordaran que no todo giraba alrededor mío. Escuchar a mi padre decir éso me hizo recordar de quién heredé esa tendencia.

Traté de explicarle que la antorcha había sido entregada a miembros más jóvenes de la iglesia. Que nada tenía que ver con sus habilidades. Era tiempo de que los jóvenes aprendieran a ser responsables y a liderar a los demás. Nosotros ya habíamos tenido nuestro turno.

Tal Vez mi Turno Terminó

Ahora debo recordar que aunque soy un miembro nuevo en la iglesia, soy de las que tiene más edad en el coro. Sólo unos pocos son los escogidos para situarse frente a la congregación cada semana y dirigir las diferentes secciones del programa. No me han invitado a hacerlo y una parte dentro de mí quiere gritarles lo talentosa que soy, la excelente voz que tengo y contarles por cuanto tiempo fuí la solista en mi anterior iglesia. Pero acercándome ya a los 60 años de edad, es posible que tal vez mi turno haya terminado, también. Aún me piden que escriba y realice diferentes dramas infantiles, pero ya no hay mucho espacio para “Dee, la súper estrella”.

Cuando Moisés tuvo que hacerse a un lado y entregarle las riendas a Josué, ¿se sentiría él de la misma forma? “Entonces Josué hijo de Nun fue lleno de espíritu de sabiduría, porque Moisés puso sus manos sobre él. Los israelitas, por su parte, obedecieron a Josué e hicieron lo que el Señor le había ordenado a Moisés” (Deuteronomio 34:9). Moisés es considerado uno de los mejores generales que haya existido jamás. Fue un líder poderoso y carismático. Pienso que Moisés se sintió muy triste al haber sido dejado de lado, pero estaba tan cerca de Dios que sabía que ya era tiempo de retirarse.

Detectar cuando ese momento ha llegado requiere de mucha sensibilidad de nuestra parte –ya sea los que hayamos sido dejados de lado o a quienes se les ha entregado la antorcha. Yo he aprendido estos importantes conceptos: servir en cualquier aspecto de la vida de la iglesia es un regalo, nuestro trabajo es el de ser mentores para los miembros más jóvenes y nuevos en la fe, y tener un cuidado especial cuando los miembros de más edad sean reemplazados. Somos parte del cuerpo de la iglesia para hacerla más fuerte, no para derribarla, y todos tenemos dones especiales. “¿Qué concluímos, hermanos? Que cuando se reúnan, cada uno puede tener un himno, una enseñanza, una revelación, un mensaje en lenguas, o una interpretación. Todo esto debe hacerse para la edificación de la iglesia” (1 Corintios 14:26).

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Por Dee Litten Reed.  Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL © 1999.


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