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Observaciones Invernales
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Foto: Donice M. Palmer
Hoy, mientras atardecía, di una caminata por un nevado bosque. Observé las huellas que habían dejado venados, conejos, zarigüeyas y perros. Incluso advertí la pequeña impresión dejada en la nieve por un pájaro saltarín. Las huellas de los venados eran derechas, las del conejo, semicirculares, mientras que las de las zarigüeyas y perros eran desordenadas e irregulares. A pesar de mi posición o ruta escogida, también yo dejaba mis huellas. Reflexioné acerca de qué tipo de huellas he dejado en las personas que me rodean.

Pasé por un pequeño riachuelo alimentado por un manantial. Sus agues corrían lentamente. Había hojas atascadas en un palo. Con el cepillo para limpiar mis botas, quité las hojas y el riachuelo nuevamente empezó a fluir. También había piedras que lograban estorbar el pequeño riachuelo, pero eran el motivo de un sonido relajante y alegre. Pensé en aquellas pequeñas cosas que se amontonaban en mi vida y comenzaban a obstruirla, y la forma en que Dios a menudo utilizaba a una querida amiga para ser el cepillo que quitara mis escombros. También me dí cuenta que Dios tal vez no quite las piedras de mi vida para lograr redireccionarla otra vez y darme una voz nueva.

La subida resbaladiza cuesta arriba hizo que me sentara. Me detuve para amortiguar un poco el viento mordaz de las colinas, pero el frío me venció, obligándome a seguir. Deseaba descansar, pero el viaje debía continuar.

¿Había perdido el rumbo?

Conocía muy bien esos bosques, pero cuando comencé a realizar mi vuelta a casa en medio de la oscuridad me sentí insegura. ¿Había perdido el rumbo? Busqué puntos de referencia para encontrarlo. Cuán cierto es esto en mi vida. El rastro parece tan claro cuando hay suficiente luz y todo marcha bien, pero cuando vienen los días oscuros es fácil tropezar y perder el rumbo.

Con los pies entumecidos y el corazón en un hilo, logré llegar felizmente a mi tibio y acogedor hogar. ¡Oh, Señor, no puedo esperar volver a casa!

“Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos” (Salmo 32:8).

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Por Donice M. Palmer. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión REINA-VALERA © 1995.


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