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Promesas de la Biblia
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Fotografía: Sanja Gjenero
No sé si a usted le ha sucedido. En medio del caos que significa mudarse de un lugar a otro y de vivir con amigos que no desechan nada, a menudo tan desordenados como yo, termino con objetos que no son míos y ellos, con cosas que no son suyas. No es que mi intención haya sido apoderarme de la taza de café que dice “I Love NY” o de aquel horroroso cojín verde y amarillo que le fue regalado a alguien para la inauguración de su casa, pero cuando llegó el momento de desembalar las cajas, ¡ahí estaba! Eventualmente, regresó a sus verdaderos dueños!

Tal es mi caso, especialmente después de haberme mudado unas cuantas veces en los últimos cinco años. Terminando de hacer una limpieza profunda en la casa después de una de las últimas mudanzas, encontré un libro realmente bueno acerca de las promesas de la Biblia. Luego de leer durante un rato, llegué a la conclusión de que no era diferente a los miles de otros libros que he leído relacionados a ese tema. “Es sólo una colección de promesas bíblicas”, me dije a mí mismo.

Debo reconocer que estaba equivocado. No es sólo una colección de promesas bíblicas. Hemos sido condicionados a tratar estos libritos como un “levantadores de ánimo” cada vez que tenemos un mal día. Vaya a la librería cristiana local y usted encontrará estos libros de promesas bíblicas en la sección de “autoayuda”. Es una perfecta estrategia de mercado: “¿Desea ayudarse usted mismo? Aquí está, compre este librito de promesas bíblicas y se sentirá mejor”. Pero esas promesas son mucho más. Merecen un mayor aprecio que el que nosotros les damos.

Más que Promesas para Hacernos Sentir Bien

Hemos hecho un mal uso de la importancia de estas promesas, ya que hemos fracasado en darnos cuenta que no son sólo promesas de la Biblia diseñadas para hacernos “sentir bien”. Son una colección de promesas provenientes de Dios mismo. Son Sus promesas personales diseñadas para usted y para mí. Sus propias palabras puestas en papel para que usted y yo las leamos, creamos en ellas y las mantengamos en nuestros corazones.

Cuando necesitamos misericordia, la Biblia es tan clara como el agua: “El gran amor del Señor nunca se acaba, y su compassion jamás se agota. Cada mañana se renuevan sus bondades; muy grande es su fidelidad” (Lamentationes 3:22-23).

Cuando cuestionamos nuestra libertad de la esclavitud del pecado, Jesús mismo nos alienta con esta promesa: “Así que si el Hijo los libera serán ustedes verdaderamente libres” (Juan 8:36).

Cuando necesitamos tremendamente de sabiduría para hacer una decisión importante en la vida: “Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie” (Santiago 1:5).

Y podría continuar más y más. Estas promesas son reales. Son tan verdaderas como el aire que usted y yo respiramos.

De modo que la próxima vez que usted encuentre un librito de promesas de la Biblia, ¡tómelo y léalo! ¡Se asombrará de las promesas que hoy Dios tiene guardadas para usted!

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By Sebastian Zaldibar. Copyright © 2007 by GraceNotes. All rights reserved. Use of this material is subject to usage guidelines. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL © 1999.


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