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La Computadora
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Fotografía: MorgueFile
Supe cuánto confiaba en mi hijo durante el fin de semana. Le pedí que me ayudara a hacerle un upgrade a mi nueva computadora.

Mi computadora vieja se estaba muriendo. Podía utilizarla por una o dos horas y luego se apagaba. Es la computadora en la cual escribo, así que ella era mi herramienta de trabajo, no un simple juguete para mí.

Planeé reemplazarla, pero cuando usted está casado y tiene tres hijos y un solo trabajo, posterga aquello que no es de necesidad inmediata.

Mi hijo mayor me regaló una nueva computadora en diciembre. Una computadora usada que le vendió la compañía para la cual trabaja; mucho más poderosa y estable que la que tenía antes. Tiene suficiente espacio para transferir los archivos que necesito (la computadora vieja tenía un buen hardware ¬–inclusive un hardrive con suficiente espacio para almacenar el trabajo realizado durante los últimos diez años). La puse al lado de la vieja, esperando tener el momento para transferir los archivos deseados.

Esperando Realizar la Transferencia

He trabajado con computadoras desde los años setenta, pero fabricando software. Los ingenieros bromean de los ingenieros de software a través de un diagrama de circuito y una pistola de soldar. Para mí, esos chistes son una realidad. Si no, vea, usted… las dos computadoras –la nueva y la vieja– juntas, lado a lado, esperando realizar la transferencia.

Mi hijo del medio me preguntó por qué seguía utilizando la computadora vieja meses después de haber instalado la nueva. Él tiene veinte años, vive con nosotros y va a la universidad. Le expliqué que no había tenido tiempo para transferir el hardware a mi nueva computadora. Se ofreció hacerlo por mí.

Acepté. Le tomó dos horas. Lo último que vi antes de salir de mi oficina fue a mi hijo con piezas de dos computadoras dispersas sobre mi escritorio –incluyendo una caja que contenía todo mi trabajo de escritura desde el año 1998.

Entonces me di cuenta que mi decisión no me había preocupado nada. Sabía que mi hijo haría un buen trabajo. Había crecido y se había convertido en un joven en quien se puede confiar.

A menudo escuchamos acerca del costo de criar a los hijos. Criar a tres hijos ha significado años de manejar carros usados, pasar las vacaciones con los parientes y alimentarse de frijoles, macarrones y hamburguesas. Mi esposa y yo habríamos tenido mucho más cosas materiales si no hubiéramos escogido tener hijos; pero ahora seríamos más pobres en aquellas cosas que no pueden ser medidas.

Los carros que compramos a través de los años estarían tan viejos hoy como si los hubiéramos comprado nuevos, en vez de usados. Las vacaciones costosas serían sólo un recuerdo y un montón de fotografías, igual como aquellas que realizamos con nuestros hijos –pero sin sus recuerdos. Nuestra casa sería más grande, pero sería una casa vacía.

Y, por sobre todo, no habría tenido el gusto que sentí al saber que podía confiarle a uno de los hijos que crié aquellas cosas más valiosas y delicadas que poseo –sin preocuparme ni un milímetro.

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Por Mark N. Lardas. Derechos 2007, Mark N. Lardas. Derechos © 2007 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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