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Travis
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Fotografía: Hemera
Esta mañana me llamaron de una escuela pública para ayudar con algunas pruebas estandarizadas del departamento de educación. Fui asignada para trabajar con un niño llamado Travis. Fuimos a una sala vacía donde le leí los textos, comprobando su comprensión de la materia. Antes de comenzar, le dije: “Bien, Travis, siempre permito que los estudiantes tengan un momento de oración si así lo desean. ¿Eres cristiano?

“Sí,” respondió.

“¿Te gustaría tener una oración?”

“Sí.” Se mostró entusiasmado al respecto y me pidió que yo tuviera la oración. Así que le pedí al Señor que ayudara a Travis con su prueba y que lo mantuviera enfocado en la materia para que pudiera irle bien.

Después de decir “amén”, miré a Travis, que dijo: “Estuvo buena”. No pude dejar de sonreir por su aprobación. “Estoy segura de que el Señor la contestará.”

Procedimos a realizar la prueba y mientras íbamos de una sección a otra, se hizo claro para mí que Travis comprendía muy poco de lo que yo leía. No conocía casi ninguna de las palabras del vocabulario que se le daban, y cuando yo hacía preguntas obvias acerca de una historia que acababa de leerle, él escogía las respuestas que no tenían ninguna aplicación. Comencé a frustrarme. Me frustraba mayormente debido a todo el proceso de la prueba. Debo confesar que personalmente no encuentro seguro el sistema tradicional de prueba/nota como forma de determinar lo que un estudiante sabe o puede realizar. Sentía que Travis era arrastrado a un sistema donde no encajaba y donde no podría prosperar. Sentía que estaba fallando en ayudarlo en esa prueba, y sentía que Dios tampoco lo hacía al juzgar por algunas de las respuestas que Travis había dado.

Enfocado

No obstante, se me pagaba por tomar esa prueba y Travis había sido forzado a realizarla. De modo que batallamos hasta que se acabó el tiempo. Cuando le entregué la prueba a su maestra, me preguntó cómo estuvo. Le contesté que me parecía que Travis lucía bastante despistado.

Y ella preguntó: “Pero, ¿cómo se comportó? ¿Logró concentrarse?”

Contesté: “Sí, se comportó muy bien y logró enfocarse.”

“¡Qué bueno!” dijo ella. “A veces puede ser muy travieso.”

¡Travieso! Pensé. Seguro que yo no había visto eso. Y entonces recordé la oración. La oración para que se mantuviera enfocado y concentrado. ¡Dios sí había contestado! Yo no le había pedido a Dios que diera la prueba por Travis. Le había pedido que hiciera que él se mantuviera enfocado. Y Dios había contestado. Así que con Travis feliz por haber terminado la prueba, con su maestra contenta porque el niño no había hecho travesuras y, conmigo, feliz, también, finalmente comprobé que Dios lo había hecho todo.

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Por Gwen Scott Simmons. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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