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Mi Deseo Navideño
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Fotografía: Rich DuBose
Los días festivos son difíciles y sensibles porque guardan muchos de nuestros recuerdos. Hay un vacío indefinible al regresar a casa o al enfrentar las festividades. Creo que proviene de la realidad de saber que debemos vivir con la ausencia de aquellas personas que compartieron momentos con nosotros o de quienes se han agregado a nuestro círculo familiar y todavía no los sentimos tan cercanos. Debo reconocer que extraño a mis abuelos, a mi madre, a mis primos y a los viejos amigos y vecinos. Confío en que parte de eso cambiará algún día con la llegada de los nietos.

Pienso que la mediana edad es especialmente desafiante porque puede ser una verdadera desilusión ––nuestras propias consecuencias en el matrimonio, nuestras profesiones, nuestra vida espiritual y lo que llegaron a ser nuestros padres y sus hijos. Sin embargo, Dios puede y utiliza todo para convertirnos en la clase de personas que lo glorifiquen a El. Recuerdo cuán profundamente dolida y aislada me he sentido con algunos de mis seres queridos cuando insinuaban o comentaban algo acerca los defectos de mi esposo o de mi hijo ––y que de alguna manera fracasé en mi habilidad de escoger o de hacerlos sentirse orgullosos de mí.

Muy a menudo me siento herida debido a que sigo creyendo que las elecciones de mis hijos, en algún modo, reflejan mi propio fracaso ––si tan solo hubiera preparado mejores comidas, no trabajado tanto/más, etc. ¡Luciría tan bien ante Dios y ante el mundo, si mis hijos adultos jóvenes, se comportaran mejor! Tal vez, aún piense que mi hijo merece un mejor cónyuge o una mejor cuñada o un mejor trabajo, etc. Pero tampoco quiero transmitírselo a mis hijos y oro para que Dios me ayude a demostrarles el amor y la gracia a través del tono de mi voz y lo que espero de ellos.

Es tan fácil alejar a las personas adonde no haya oportunidad de influir en ellas o demostrarles amor. Puedo gastar tanta energía disgustada por la forma en que se conducen mis familiares, pero Dios desea sus corazones y su amor. Lo demás no tiene valor hasta que El entra en su interior. Formo parte de un grupo donde leemos libros y discutimos acerca de las heridas de la vida. Me encanta el pasaje del libro titulado Healing is a Choice (El Sanamiento es una Elección), de Stephen Arterburn, que dice: “Si desea esa clase de paz, abrace su vida. Deshágase de su cólera y de la amargura que acarrea la vida y abrácela. No niegue su realidad, ni trate de racionalizarla. Abrácela y acójala tal cual es. Renuncie a la antigua vida que pensó tener o que necesitaba o que merecía y abrace lo que está frente a usted. Puede estar aferrándose a algo o a una vida que no era para usted. Haga un ajuste en sus expectativas, abrace la vida que tiene y descubra lo que Dios puede hacer de ella ––con errores y todo.” *

Por Karen Spruill, M.A. Derecho de autor © 2005 de GraceNotes. Reservados todos los derechos. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Traducido por Chari Torres.
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*Arterburn, Stephen: Healing is a Choice (El Sanamiento es una Elección). Nelson Books, Nashville, TN, 2005.


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