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Perdiendo Ambas Partes
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Fotografía: MorgueFile
Acabo de volver del carnaval Mardi Gras, la parte inofensiva en Lafayette, Louisiana. La versión del carnaval en Nueva Orleans es un tanto condimentada para el pastor Dave.

¿Se ha perdido alguna vez una fiesta a todo dar, pensando que, de asistir, se sintiría culpable? Y, luego, darse cuenta que quedarse en casa con la camisa de fuerza de la “bondad” tampoco es divertido, ya que usted pierde ambas partes del espectro.

Cada vez que leemos la parábola de “los talentos” en Mateo 25, movemos la cabeza por la lamentable hazaña del tercer siervo que enterró su solitario talento. Sin embargo, he llegado a pensar lo siguiente: “Bien, por lo menos él no se fue a Las Vegas e hizo desaparecer ese dinero en las mesas de juego. No se lo gastó en sí mismo. No lo malversó. No lo escondió en la costa. No, no hizo dinero con el talento, pero tampoco perdió dinero. Cuando regresó su señor, los fondos todavía estaban allí. Así que, ¿por qué es un canalla?”

Jesús contó parábolas acerca de dos clases de personas que conforman la familia. Hay un hijo pródigo que pecó, se descarrió y volvió al hogar obteniendo el perdón y vislumbrando lo que significa la Gracia. Y luego está el hermano mayor que permaneció en el sistema, que cumplió con las reglas por las cuales fue criado, que no se divirtió mucho, sino que se sintió atado por el deber. Él no amaba a su padre realmente, de hecho, sentía resentimiento hacia él. No se emocionaba con la estructura de la familia y con sus valores; se enojaba y se resentía cuando había un banquete para alguien que él pensaba que era inferior. Así que se perdió la diversión temporal del juego en una ciudad lejana, y se sintió amargado e infeliz dentro de esa misión que no había hecho suya.

Cataratas de Perdón

Hay otra parábola acerca de un hombre que trabajó directamente para el rey; su lugar estaba ante la presencia del monarca. Así que su nombre está escrito en los libros de la iglesia. Pero no se aferra a ello para perdonar a sus propios amigos que le deben cinco dólares. Este es un miembro de la iglesia que se siente miserable porque la Gracia lo ha eludido. Se queda justo entre medio de la catarata del perdón y ni siquiera logra mojarse.

De modo que este tercer inversionista no se divierte a corto plazo, gastando esos dólares. Es demasiado rígido y regulado en su cristianismo como para hacerlo. Tampoco descubre la felicidad de invertir a favor de un jefe que ha aprendido a estimar y a admirar. Así que de entre los dos polos opuestos que quizás le otorgaran algún placer, esta figura trágica se pierde la alegría y la recompensa por ambas partes. Se queda en un centro estéril, con una fortaleza amarga que no es suya, y acaba solo. Dios, ten piedad de nosotros.

Pienso que hay una poderosa razón para que las iglesias bondadosas existan y es el rescatar a quienes han vivido durante mucho tiempo cristianismos estériles, jugando el rol del hermano mayor, fatigado y resentido. Mientras ocurra el milagro de la Gracia para los inocentes recién llegados, mientras reciban una nueva vida en Jesús, obtengan su túnica, su anillo, un par de sandalias nuevas y un banquete con un becerro engordado, ¿podemos, los hermanos mayores que hemos sido fieles, emocionarnos también con la Gracia? A lo mejor es debido a ello que la iglesia debería existir.

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Por David Smith. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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