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Adolescentes Sobrecargados
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Fotografia: Morguefile
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Durante un reciente programa de entrevistas por televisión, un psicólogo dijo que los niveles de hormonas fuera de control a menudo permiten que la parte racional del cerebro del adolescente se bloquee, dando como resultado toda forma de despliegues emocionales exagerados. ¿Qué piensa usted de esta teoría?

R: No mucho. El registro histórico indica claramente que la “sobrecarga emocional” del adolescente es un fenómeno relativamente reciente. Alexis de Toqueville, el francés del siglo XIX que escribió Democracy in America (Democracia en Norteamérica), quedó impresionado con la madurez de los jóvenes norteamericanos – de su disposición a aceptar responsabilidades, de su temple, etcetera.

Hasta hace poco, en casi cada cultura, un joven de 13 años de edad no era considerado un niño. Tampoco como el “adolescente” que hoy conocemos. Existía la niñez, que terminaba a los 13, como también existía la edad adulta. Admitiendo que los años de la adolescencia eran un período de aprendizaje, pero se esperaba que los adolescentes se comportaran responsablemente, y así lo hicieron.

Lo que hoy llamamos adolescencia es el producto de la función de un niño y de reglas obligatorias de educación. Esas reglas eran ciertamente buenas, pero cada cosa “buena” tiene su lado malo. En este caso, extendieron el ser dependientes durante unos seis años más.

En días no tan lejanos, el adolescente tal vez seguía viviendo en la casa de sus padres, pero en muchos casos, si no en la mayoría, los adolescentes ya no eran dependientes. Por ejemplo, mi padre y mi suegro eran adolescentes durante la Gran Depresión, y ayudaron a apoyar a sus familias. Así lo hicieron también muchos de sus amigos. Y sus hermanas tenían responsabilidades equivalentes en el hogar.

Prolongando la Niñez, Prolongando la Inmadurez

Prolongar la niñez equivale a prolongar la inmadurez y, en realidad, la mayor parte de la conducta considerada actualmente como “típica” del joven es observada por personas de la edad de mis padres como algo más que simplemente inmadurez. Es extraño. Me refiero a las rabietas, a los estados de ánimo impredesibles, a las reacciones emocionales exageradas ante la desilusión o la frustración y, generalmente, a la percepción dramática que los adolescentes tienen de sus vidas. No hace mucho, sólo los hijos mimados de los ricos actuaban de manera tan egocéntrica.

Y allí tenemos otro indicio. MIentras que antes sólo los hijos de las clases más adineradas eran mimados (no todos ellos), hoy los hijos de clases bajas o medias son mimados, por lo menos bajo los estándares que regían durante la vida adolescente de mi padre. Extender la dependencia del hijo en forma indefinida, mimándolo, consintiéndolo y de alguna manera “estropeándolo” a través de una dependencia prolongada, hará que usted termine teniendo a un niñito dentro del cuerpo de un adolescente.

No encuentro evidencia para sostener la teoría de que el aumento de los bioquímicos bloqueen periódicamente la parte racional del cerebro del adolescente. Si fuera así, entonces sería obvio que durante la adolescencia del joven de unos 60 años atrás, habría desarrollado el suficiente autocontrol que predominara en su conducta diaria.

De modo que tenemos muchos adolescentes viviendo en nuestra época. Un maestro de Sudáfrica me dijo que allá los adolescentes raramente necesitan ser disciplinados; es decir, ser castigados por una conducta inadecuada. Para sus jóvenes, un sudafricano es alguien autodisciplinado, correcto, respetuoso y responsible. ¿Debemos creer que los jóvenes de Sudáfrica son como un crisol étnico y poseen una bioquímica diferente a los jóvenes norteamericanos?

No, la diferencia crucial entre los jóvenes de allá y los jóvenes de acá no es fisiológica. La diferencia entre ellos y nosotros son los padres de hoy, que dan demasiado y esperan muy poco. Tiene que ver con los medios de comunicación que alientan a los jóvenes a ver la vida como una cultura que permite la irresponsabilidad del adolescente. Al final se incluye una lista de “expertos” que declaran que realmente no tenemos derecho a esperar que la conducta de los adolescentes madure.

Nuestros hijos merecen mucho más. ¿No cree, usted?

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Por John Rosemond. Reimpreso con el permiso de Signs of the Times, Enero 2007. Derechos © 2007 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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