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Descanse en Paz
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Fotografía: Ray Forester
Durante los 80’s, ciertos “científicos” que supuestamente estaban buscando petróleo en Siberia, al taladrar nueve millas al fondo de la superficie, lograron abrirse paso desde la corteza terrestre hacia un lugar donde la temperatura era de 2000 grados F. Tal como cuenta la noticia, estos hombres bajaron un micrófono hasta un lugar donde podían escuchar voces de personas ¡que gemían en el infierno!

Algunos, sin embargo, se sintieron escépticos ante esta dudosa noticia. Se preguntaban, dónde podrían haber encontrado aquellos llamados “científicos” un cable de nueve millas de largo? ¿Y, cómo, un micrófono podría haber resistido esa clase de calor?

Con el tiempo, aquel “artículo noticioso” fue considerado una trampa.

Entre los años 1920 y 1944, una muy conocida evangelista estableció su ministerio en el sur de California. Aimee Semple McPherson predicó durante semanas ante miles de personas reunidas en la iglesia Angelus Temple, en el área del Echo Park, de Los Angeles. En 1924, la “Hermana Aimee,” como se la llamaba a veces, fue pionera del evangelismo radial en aquel lugar.

¡Un Teléfono en Su Ataúd!

Su ministerio y su vida, sin embargo, no estuvieron exentos de controversia, incluyendo su repentina muerte a los 54 años como resultado de una sobredosis de sedantes. Luego, la evangelista Aimee ¡fue enterrada con un teléfono conectado a su ataúd!

Como lo dijera un escritor: “En más de 60 años, nadie ha recibido una llamada de parte de ella; ¡ni siquiera una de cobro revertido!

La creencia de que quienes han muerto pueden, de algún modo, comunicarse con los que todavía estamos vivos ha sido una idea que ha permanecido tercamente por milenios. Pero, ¿es realmente cierta? ¿Puede el difunto contactarse a través de una tarjeta postal, un teléfono celular, una paloma mensajera, por correo expreso, mediante un espíritu, por telepatía o por cualquier otro medio?

¡La respuesta bíblica es no! Por el contrario, la Escritura a través de más de 50 versículos representa a la muerte como un sueño. En los Salmos, David alude al hecho de que una persona que está muerta no puede recordar ni alabar (Salmos 6:5). En el Salmo 115, el escritor reitera que el muerto no alaba al Señor porque su mundo es un mundo de silencio. Y en el libro de Eclesiastés, Salomón revela que “los muertos no saben nada…” (9:5). En otras palabras, no saben lo que pasa a su alrededor.

A diferencia de los vivos, aquellos que han pasado al descanso duermen pacífica y tranquilamente en sus tumbas o en sus urnas (cualquiera sea el caso), hasta que Jesús regrese con las recompensas del cielo.

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Por Kathy A. Lewis. Derechos © 2007 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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