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Una Nueva Vida
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Fotografía: Lisa Langell
¡Desamparada en el desierto! Y peor aún, la noche se acercaba rápidamente. Tiritando, di una vuelta alrededor de mi vehículo. Vestida solo en shorts y camiseta, mi vestimenta habría estado bien para el verano. Pero por lo agradable que hubiera estado aquel día de invierno en el desierto árido, aquella tarde era diferente.

Temprano durante ese día había dicho adiós al sur de California con mis pertenencias terrenales envueltas en el saco de dormir de mi polvorienta y blanca camioneta Tacoma. Empujé todo hacia el fondo, pensando que había empacado en forma delicada. Pero unas cientos de millas más adelante, los altos vientos comprobaron lo contrario.

Me salí en la I-10, en algún lugar entre Indio y Blythe luego de divisar por el espejo retrovisor que la caja de mi reproductor de discos compactos estaba a punto de salir volando. Deteniendo mi vehículo en un costado desolado de la carretera, me bajé a inspeccionar el daño. Mi nuevo bolso de lona estaba convertido en jirones, la ropa bailaba por todas partes y varias cajas de cartón estaban a punto de salir disparadas del carro. Parecía como si yo fuera parte del clan de los Beverly Hillbillies, ¡pero yendo en la dirección equivocada!

Tristemente, una de mis plantas favoritas, una Aloe Vera, había sido mutilada por el viento. Antes, que había lucido rellenita y verde, ahora sus hojas estaban melladas y rotas, esparciendo savia por todas partes.

Fue en ese preciso instante que me dí cuenta que había cerrado irreflexivamente la puerta de mi carro al salir de él. Ahora, sin poder entrar, con frío, en el desierto, de noche y con una planta moribunda en mis manos, comencé a llorar.

Aunque llevaba un nuevo celular en mi bolsillo, no sabía el número y tampoco tenía mis lentes para poder ver. A pesar de todo éso, logré conectarme con la AAA y llegaron una hora más tarde o algo así. No solo abrieron mi camioneta, ¡sino que también aseguraron mis pertenencias gentilmente! Por lo tanto, llegué a Arizona sin mayores problemas.

Mi Planta Aloe Vera Parecía Muerta

Sin embargo, ¡mi planta Aloe Vera parecía muerta! Pensé seriamente en enterrarla en el desierto, pero la culpa no me dejó. Después de todo, era culpa mía que ahora luciera en aquel estado.

Aunque su condición parecía ser desesperada, la traje de vuelta al hogar y la cuidé hasta que sanó. Ahora, 14 meses más tarde, es una planta hermosa y fuerte –mucho más fuerte, quizás, debido a lo que tuvo que pasar.

Tal vez usted se sienta como la planta de Aloe aquella noche en el desierto. Los vientos de la vida lo han azotado y masacrado. Se siente tan adolorido que si sufre un golpe más quedará aturdido.

Sin embargo, tan mal como usted pueda sentirse, su situación no es desalentadora. Su Creador lo ama profundamente y desea cuidarlo hasta que recobre la salud. Sólo ponga su mano en la mano del Todopoderoso y permita que Dios pueda tomar el control de su vida. “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes –afirma el Señor–, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11).

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Por Kathy A. Lewis. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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