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Explorador Burbuja
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Fotografía: Erika Gladden 
Mi hijo de un año de edad es un bebito tipo burbuja, amable y muy activo. A él le encanta explorar los alrededores.

Hace poco, unos amigos nos invitaron a almorzar. Luego de terminar de comer y mientras nos sentábamos a conversar un rato, mi hijo decidió dedicarse a explorar. Quería tocar los libros (no aquellos especialmente para bebitos), tocar las velas y los adornos que había alrededor de la casa. Mi esposo y yo, como también nuestros amigos, salimos a verificar que todo estuviera “a prueba de bebés”. Parecía que justo cuando poníamos un artículo fuera de su alcance, ya había cogido el siguiente. Antes de que pudiéramos darnos cuenta, ya había alcanzado la zona de peligro –la chimenea. El día había estado frío y la chimenea eléctrica había estado encendida por un rato pero la habían apagado luego que la casa estuvo más cálida. Mi explorador burbuja estiró su bracito y con su manito tocó los platos de metal caliente ubicados al frente de la chimenea. Al principio, no lloró, pero unos segundos más tarde lo hizo al sentir el dolor de la quemadura en su manito. Nos fuimos a casa para vendar su piel cubierta de ampollas rojas y aliviarlo un poco.

Protegerlo del Dolor

Mi pequeño explorador aprendió aquel día que no todo es una aventura emocionante. Lo acostamos para que tomara su siesta. Mientras lo observaba dormir con su manito vendada, me pregunté: “¿Por qué no lo vi venir?” “¿Por qué no fui capaz de detenerlo a tiempo?” Me di cuenta que el herirse, tan duro como es, forma parte de la vida y yo no lo puedo proteger del dolor por más que mi amor de mamá lo desee.

Este incidente me hace recordar la forma en que Dios trata de ayudarnos a través de los obstáculos que la vida nos depara. Él intenta poner todo “a prueba de bebés”, pero se da cuenta que no siempre puede salvarnos de “quemarnos las manos en el fuego”. Sentimos el dolor de la vida y aprendemos de nuestros errores, esperando poder evitarlos cuando se nos presente la ocasión.

Mi hijo se despertó sonriente de su siesta, como si hubiese olvidado el dolor que había soportado apenas unas horas antes. Eso me enseñó que aunque cometamos errores, podemos despertar felices, mirando hacia las nuevas aventuras que nos aguardan más adelante.

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Por Erika Gladden. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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